CUPHEAD: PESADILLA EN LOS AÑOS '30

CUPHEAD: PESADILLA EN LOS AÑOS '30

Hace algún tiempo que un juego no levantaba la polvareda que Cuphead logró estas últimas semanas en internet.

YouTube está plagado de contenido, desde reviews y gameplays, hasta speedrunsperfect runs, análisis, debates, ensayos y compilaciones. La comunidad de Streamers no para de hacer videos, los sitios especializados lanzan notas todo el tiempo y las redes sociales están plagadas de memes sobre el juego.

Si vivís en el ostracismo digital o no estás familiarizado con los videojuegos, vale decir que Cuphead es un juego independiente lanzado el pasado 29 de septiembre en “exclusiva” para Xbox One y PC. Además, logró cierta fama antes de su lanzamiento por cuestiones ajenas a sí mismo. Por ejemplo, los desarrolladores debieron hipotecar su casa para poder obtener dinero para terminar el juego.

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Desarrollado por Studio MDHR, Cuphead es una maravilla audiovisual. Se trata de un juego que se ve, suena y siente como un dibujo animado de 1930. Chad Moldenhauer, uno de los miembros fundadores del pequeño estudio de 12 personas, creó y dibujó a mano cada personaje y jefe dentro del juego, animando cada parte del mismo a través de dibujos en papel que luego fueron escaneados y pintados digitalmente para integrarlos a fondos pintados con técnicas de acuarela.

Es un festín visual, logrado gracias a la visión de los hermanos que fundaron el estudio. En sus propias palabras, no comprenden como nadie intentó crear algo así antes, aunque probablemente sea por la inmensa cantidad de trabajo que requiere.

Ya sólo el aspecto visual logra una impresión increíble de un dibujo animado de los años ‘30. Los diseños son tanto originales como reminiscentes de esa época, todos los personajes tienen rasgos, expresiones y movimientos característicos, incluso parece que todo el tiempo están bailando y los colores planos dan en el clavo. 

 

"La música jazz le da el toque mágico a toda la escena"

 

Cada parte del juego tiene su propia pieza musical y cada una de ellas es excelente, tanto evocando la época como transmitiendo el espíritu de cada sección del juego. La música jamás cansa, y algunos temas van a ser escuchados muchas veces, porque el juego es realmente difícil.

Cuphead es un plataformero 2D compuesto de tres mundos principales y un antro final. Durante el juego controlaremos a Cuphead (y a Mugman en el modo multijugador local), quienes, a base de saltos, disparos, dash y parry deberán enfrentar a una serie de jefes finales y algunos pequeños niveles llamados “run ‘n gun” donde se pueden obtener monedas para comprar nuevas armas.

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Cada jefe es un puzle, ya que contará con diferentes patrones de ataque, fases y puntos débiles donde hacerles daño. Durante el juego enfrentaremos cerca de una treintena de jefes y cada uno es único y desafiante en su propia ley. Cada batalla, cada jefe, cada nivel están diseñados para ser una experiencia única en sí misma, y cada vez que se derrote uno de estos niveles sentiremos una alegría y la euforia propia de una gran victoria.

 

El juego está diseñado para ser difícil y justo, para recompensar la habilidad y castigar los movimientos erráticos.

 

Toda derrota se sentirá frustrante, pero jamás injusta. Los patrones de ataque se dividen entre patrones y RNG, pero siempre se anuncian y mueven de una manera clara. Cada movimiento prima la habilidad del jugador y siempre existe una salida.

Al morir el juego nos muestra una barra de progreso de nivel dividida por las diferentes fases de los jefes y ello nos dará el impulso necesario para seguir adelante.

En los papeles, Cuphead es un juego corto que puede ser terminado en algunas horas, pero la cantidad de muertes logra que el período de tiempo jugado se extienda a poco más de siete horas para un jugador habilidoso, el doble para un jugador con voluntad... Y que una gran parte de las personas lo termine abandonando.

La experiencia brindada por este pequeño indie es magnífica para quien tenga la paciencia y entereza de sentarse a dominarlo. Es un viaje de prueba y error, de grandes fracasos y grandes victorias, una experiencia que premia con grandes satisfacciones a quien trabaje lo suficientemente duro para ganarlas, aunque no deja de tener ciertas fallas.

Existen varios reportes de bugs que minan la experiencia, algunos de los cuales experimentamos también nosotros: algunos forzaron el reinicio del juego por no poder avanzar, otros minaron la sensación de victoria. Por motivos diferentes, dos jefes quedaron expuestos a nuestros ataques sin poder responder, logrando en ambos casos victorias sin esfuerzo. El problema llegó luego de terminar esas peleas. Debido a dos de esos bugs, pudimos derrotar a dos jefes sin que puedan hacer nada para atacarnos, logrando en ambos casos una victoria sin esfuerzo.

La victoria sin esfuerzo se convirtió rápidamente en una sensación de vacío, de suciedad. Cuphead es un juego sincero y justo, y esas victorias se convirtieron en un engaño, una mentira. Por esa razón la sensación de vacío continuó hasta volver a enfrentar y poder derrotar a esos jefes sin ayuda externa.

Eso dice mucho de este pequeño indie. Por un lado, que más allá del enorme trabajo, de las dilataciones en su salida y de todas las cosas buenas que tiene, no es perfecto. Pero además, como obra de arte logra transmitir algo, logra producir una cantidad de emociones al jugador y conectar de manera profunda con quien tenga el placer de jugarlo. Por ello, más allá de los errores, Cuphead debe ser recordado como una de las mejores obras que nos entregó este año y una de las mayores apuestas que la industria tiene para ofrecernos. A disfrutarlo.

Fundamentalista del buen comer. Es rebelde porque es gratis. Posiblemente esté polemizando sobre algo. Nació con el joystic incluído.