THE PUNISHER: NEXTFLIX NOS SIGUE CASTIGANDO

El pasado viernes 17 de noviembre, Netflix lanzó su plato fuerte de fin de año: la primer temporada de Marvel: The Punisher, que continúa la historia de Frank Castle (Jon Bernthal), presentado durante la segunda temporada de DareDevil.

En pocas palabras: no, la serie no vale la pena. Sí, las actuaciones son excelentes en el mejor de los casos, y aceptables como mínimo. No, no hay muchas escenas de violencia. Y sí, son un espectáculo digno de ver.

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The Punisher tiene pocas particularidades dignas de remarcar. 

Es una serie que trata los horrores de la guerra a través de las experiencias de Frank y su unidad, que cometían crímenes de guerra financiados ilegalmente con contrabando de heroína a cargo de la CIA. La historia habla sobre la amistad, el honor, la traición, el patriotismo, la familia, la violencia, sorprendentemente sobre el terrorismo, la discriminación y el trastorno de estrés post-traumático.

Quizás sea por lo lejano que nos toca la guerra, pero estas temáticas no pueden llegar de igual manera a alguien que vive en Estados Unidos que, me atrevería a decir, al resto del mundo. Una oficial musulmana camina en las oficinas de Seguridad Nacional y los estadounidenses deben tener alguna reacción de desconfianza, de molestia. El resto del mundo, o al menos quien escribe esta reseña, se preguntan por qué la serie no se molesta siquiera en presentarla.

The Punisher está tan increíblemente absorta en explorar sus temáticas, convenientemente alejadas a los trapos sucios del propio país, que se olvida que esto es una historia, que debe contener personajes que actúen con motivos, que sigan lógicas internas y que sean creíbles dentro de su universo. A la larga, podemos creer que Sam Stein es importante y creíble, pero en su primera escena habla sobre cómo es una persona estancada en su trabajo y nunca nos cuenta por qué. Aun así, los actores llevan adelante esta serie que carece de un guión creíble y convincente, que nos pide por favor que nos quedemos, prometiendo que van a tocar temas sensibles.

Frank Castle originalmente era un veterano de Vietnam, aquí es un veterano de Afganistán. Quizás ese punto sea más estremecedor que toda la historia de la serie junta. Estados Unidos puede mover veteranos de guerra en el tiempo sin perder nada, Vietnam fue una guerra desagradable, con jóvenes muertos, gran cantidad de recursos desperdiciados, años de campaña para no lograr nada y llevando al país a un estado de guerra contínua que se creía no tener final, como The Punisher plantea a Afganistán.

La serie toca temas sensibles: las secuelas de la guerra, los veteranos, el sufrimiento. El problema radica en cómo su equipo de producción habla sobre estos problemas. Existen ciertos puntos que son claramente anti-guerra, el estrés post-traumático que sufren todos los veteranos es uno de ellos. Los diálogos suelen apuntar a los horrores de la guerra, a lo traumático del regreso a casa, al hecho de no poder dejar de vivir una lucha interna. Pero estos conceptos son medidos en términos utilitarios, ¿qué puede hacer el hombre que nació y fue producido para luchar? La respuesta parece ser seguir luchando, encontrar una lucha que valga la pena y sea productiva para el país.

 

La diferencia entre los villanos y los héroes pasa por la utilidad de la violencia que utilizan. 

 

Y ni siquiera en esto la filosofía detrás la producción de The Punisher se puede poner de acuerdo. Para Karen Page, Frank es diferente porque tiene un código moral, para Frank es porque tiene el honor de pelear de frente, para sus amigos es porque su venganza está justificada por el sufrimiento, para Micro es por el bien mayor. Todas estas razones también las dan los villanos para justificar sus acciones, el problema es, claro, que al final es Frank el que gana, y por ende decide quién es el héroe.

La violencia no sólo está justificada, sino que también es parte del espectáculo.
 

Hay pocas escenas de acción, pero todas están presentadas de una manera atractiva, prácticamente porno belicoso. 


Hay tomas cercanas a las armas, las balas, el equipo militar. Las tomas son precisas y estilizadas para mostrar lo mejor de cada disparo, nadie usa dos veces el mismo tipo de arma para demostrar una variedad pornográfica. Todo se muestra en la cuota necesaria para deslumbrar y entretener.

En dos puntos la trama demuestra la obsesión por la guerra que tienen los productores de la serie. Primero, un veterano joven no entiende cómo vivir fuera de la lucha, así que decide poner bombas en diferentes puntos de Nueva York. Luego del ataque entra en escena un senador pro desarme. El senador, en principio parece que será utilizado como contrapunto anti-guerra para poner grises sobre la mentalidad dual de Frank, pero termina funcionando como chiste, como un triste personaje que necesita armarse por miedo a los terroristas y acude a la única solución posible, protección armada. No sólo eso, sino que la última vez que lo vemos, está huyendo desesperado y dejando que el tipo con el arma haga su trabajo. El argumento es potente. Quizá no tanto como quien termine siendo la voz de la razón sea Karen Page, quien va caminando armada para sentirse protegida y quien resuelve un punto importante de la trama disparando una pistola.

El otro punto es cómo se juzga al terrorista, quien es llamado reiteradas veces cobarde, por no defender sus ideales de frente, sino usando bombas, como los musulmanes. Esto no es discriminación, la serie hace esta comparación cuando Frank le cuenta a dicho terrorista una historia de guerra, en la que una mujer embarazada se inmola en Afganistán. Mientras más avanza la trama del terrorista, más claro queda el hecho de que la cobardía del joven pasa por no enfrentarse de cara, a los tiros, con nuestro héroe, como un soldado. Quizá esta diferenciación responde a la imposibilidad de Estados Unidos de procesar los tiroteos que se dan día a día en su territorio. El terrorismo es una cosa, los tiroteos son algo que no pueden entender. El joven terrorista es malo, Frank Castle es un incomprendido.

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En el final, The Punisher puede hacerle creer a algún incauto que tiene un mensaje anti-guerra, pero no es así. Las reflexiones finales entre los policías hacen ver a sus agentes corruptos como tumores, mugre del sistema que debe ser removido, pero no reflexiona sobre el sistema que permite que se formen estos tumores. No habla de la propia enfermedad los departamentos de seguridad, los achaca a la política, eso que está alejado de la seguridad, de la libertad y que sólo sirve para mostrar ideas vacías.

The Punisher no sólo falla a nivel estructural, con un guión tambaleante, sino que falla a un nivel filosófico, apelando a un discurso que es menos relevante a cada paso que se da fuera de Estados Unidos y que toma una posición espantosa sobre ese tema, justificar matanzas, violencia, corrupción, total desprecio por la vida humana a través del utilitarismo. Porque como dice unos de los personajes, “mataste a mis chicos, pero no te preocupes, siempre habrá más”. Esto puede decirlo el villano, pero fácilmente lo podrían decir los héroes y nada cambiaría.

Fundamentalista del buen comer. Es rebelde porque es gratis. Posiblemente esté polemizando sobre algo. Nació con el joystic incluído.