EN FOCO: MARTÍN DEMONTE, EL ARTE DE LA CREACIÓN

EN FOCO: MARTÍN DEMONTE, EL ARTE DE LA CREACIÓN

La puerta se abre en el noveno y último piso de un edificio del barrio de Belgrano y lo primero que llama la atención es la dimensión del Smart TV, ubicado en un living acogedor, rodeado de libros, fotos y algunas figuras de su autor, Martin Demonte, que recibe al equipo de Solo Para Entendidos. Es escultor y fanático del séptimo arte. Admira a Kubrick, tiene debilidad por el cine italiano y en su infancia, un puñado de películas marcaron el rumbo de su vida.

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Se define como un animal nocturno. Cuando la ciudad queda a oscuras y el ritmo de vida disminuye gradualmente, comienza su jornada laboral. “Hay una conexión con la paz de la noche y la tranquilidad de trabajar con algo complejo —reflexiona mientras observa por la ventana la salida de las primeras estrellas de la noche— siempre fui así; cuando salía el sol, me iba a dormir”.

El círculo familiar de Martín fue fundamental para dar sus primeros pasos. “Empecé de chico porque mi viejo era Luthier. Lo veía trabajar en su taller y me llamó la atención”, recuerda. Aún no sabía leer ni escribir, pero miraba en la televisión una serie sobre marionetas en la que aparecía un vehículo llamado supercar, que anhelaba profundamente. “Una tía me regaló un Segelín con unas planchas de telgopor e hice el auto. Ahí empecé y no paré”. Si bien era de una familia que no estaba mal acomodada, él prefería hacer sus propias creaciones. En ese sentido, sostiene: “me hacía mis propios juguetes, jugaba más con lo que yo hacía que con lo que me compraban. En ese momento los veía fabulosos, debían ser una porquería, pero era exactamente lo que necesitaba y quería”.

La primera figura que realizó fue un Olaf, un vikingo de una tira cómica, con madera balsa. Tiempo después la Poxilina, un material proveniente de Estados Unidos que hasta ese momento se utilizaba industrialmente y no se conseguía en todos lados, comenzó a comercializarse en ferreterías. 

 

“El epoxi me abrió un mundo extraordinario. Tenía 8 años, volaba con mi imaginación, inventaba personajes y trataba de avanzar un poco más".

 

Dos películas marcaron un quiebre en su vida. Por un lado, la aclamada obra de Stanley Kubrick, 2001: A Space Odyssey. “Las maquetas de la película me maravillaron y el film me cambió sentidos filosóficos de la vida. Iba a un colegio religioso y los curas te hacían comulgar, confesar y empecé a cuestionar todo”, comenta. Por otro lado, la revolución de la ciencia ficción de la mano de Star Wars. “A la salida del cine compré una revista de making off sobre la película que explicaba cómo se armaban las maquetas”. En ese entonces no era sencillo conseguir ese tipo de material con tanto contenido acerca de su gran pasión, “analicé esa revista durante años, tuvo un gran impacto en mi”.

Con el paso del tiempo, cambiaron los materiales y modos de producción. Es el ejemplo de la tecnología 3D: “me pareció fascinante, pero no me daba la cabeza”, señala Martín. Esa modalidad de trabajo requiere capacitación para ser desarrollada profesionalmente. En ese sentido, afirma: “estudié, ahora ya modelo y me parece una cosa extraordinaria­­­­­­”, explica Demonte y señala las diferencias de trabajar con epoxi y 3D: “La diferencia es que con el 3D no tenés que lijar y no ensucias nada; para algunas cosas tardas menos, te facilita el trabajo”.

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En Argentina es difícil subsistir como escultor. Muchos de los que ejercen la profesión se ganan la vida enseñando en escuelas o dando cursos. Su gran oportunidad llegó mientras enseñaba. “Estaba dando clases en una escuela y Martin Canale me contactó para trabajar en Sideshow —recuerda agradecido con su amigo, y agrega— es una de las empresas más importantes del mundo, pasé a primera”. Era un universo desconocido, pero rápidamente entendió que Sideshow valora y cuida al artista. “Me llevé una sorpresa muy grande cuando hice mi primer trabajo para ellos. Había dicho una fecha de entrega, pero no llegaba y estaba absolutamente aterrado. Les escribí y me dijeron que me tome el tiempo que necesite”.

Además, la empresa le enviaba los materiales con los que modelaba las figuras, estaban en todos los detalles. “Es increíble la delicadeza y plasticidad de ese epoxi. Facilita mucho el trabajo, no lo cambio por nada” y resalta “Sideshow me daba libertad de creación, eso fue único. Trabajé cinco años con esa empresa”. Uno de sus sueños era llegar al cine y trabajar en Star Wars, pero si bien no estuvo directamente ligado a ello, hizo cosas oficiales de la franquicia. “Una vez vi un documental y en el escritorio de George Lucas había una mis figuras de Sideshow que trabajé con un grupo de colegas, fue gratificante”.

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Desde chico tuvo una fascinación con el espacio: pretendió ser astrofísico, pero los elevados costos de la carrera derribaron su sueño. Sin embargo, la vida le tenía una sorpresa. Debido a su enorme conocimiento acerca de fibra óptica y fibra de vidrio, Pablo de León, ingeniero aeroespacial, presidente de la Asociación Argentina de Tecnología Espacial y gran amigo suyo, lo invitó a formar parte del proyecto Paquete Argentino de Experimentos (PADE). El trabajo era estrictamente científico, no había un sueldo de por medio; sin embargo, no le importó porque “era lo más cerca que iba a estar del espacio”. En el 2001 viajó a Estados Unidos y colaboró en el diseño de un contenedor que luego fue al espacio. 

 

“Estuve un mes y medio trabajando en la NASA. Fue la satisfacción más grande que tuve en mi vida”

 

La libertad de poder crear figuras se compara con la libertad que siente un piloto cuando está en el aire. En ese sentido, recuerda otro gran momento de su vida: “Pablo de León tenía un [avión] ultraliviano, me dejó tomar los mandos y volar. Fue una experiencia emocionante, me quedé con ganas de ser piloto”, finaliza Demonte, esperanzado de cumplir ese sueño algún día.

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Fanático de las series y el cine. Algún día voy a cubrir el Festival de Cannes con Belén.
Detrás de una fachada tímida y callada, se esconde un tigre.