ESAS FICCIONES QUE EDUCAN

Últimamente, los trastornos psicológicos están en la mira de las ficciones, ya sea porque son llamativos o para hacer campaña de concientización. Lo interesante es cómo estas producciones originales de Netflix están haciendo visibles (en diversos formatos y con diferentes enfoques) problemáticas que afectan a cada vez más personas en la actualidad.

68cb462379f3b00b_13RW_113_01153R.jpeg

Por un lado tenemos a la polémica 13 Razones (13 Reasons Why): basada en la novela best-seller de Jay Asher, cuenta la historia de Hannah Baker (Katherine Langford), una adolescente que sufre de bullying en la secundaria y que, a causa de esto, decide suicidarse. La serie comienza luego de dicho incidente, cuando un amigo encuentra sietes cassettes (con 13 audios) que ella había grabado para los “culpables” de su decisión. 

Muchos espectadores comentaron en las redes sociales que, al menos en los primeros capítulos, parece un relato más de la vida de una adolescente estadounidense promedio. Hemos visto suficientes películas como para saber qué nos podemos encontrar en una ficción ambientada en una preparatoria (la versión yankee de la secundaria). Sin embargo, a medida que transcurre, la trama se vuelve cada vez más oscura y logra salir de lo esperable.

Esta serie fue duramente criticada por tener escenas crudas e ilustrativas que podrían incitar al suicidio de espectadores que estuviesen en situaciones similares (recordemos que, al mismo tiempo, se hizo famoso el “juego” de la “ballena azul”). Sin embargo, estos mismos puntos son los que hacen que la ficción aborde seriamente la problemática del bullying y las tendencias suicidas en la adolescencia. 

 

La historia no romantiza ni hace apología del suicidio, sino todo lo contrario: lo muestra como algo duro y desagradable, más cercano a la realidad.

 

A pesar de saber desde el comienzo cuál es el fin de Hannah, la historia mantiene al público atento hacia cuáles fueron las variables que llevaron a la protagonista a tomar su decisión. Los personajes de los “culpables”, que por acción o por omisión influyeron en la decisión de la joven, están muy bien construidos, dejando ver que todos son adolescentes con problemas difíciles de abordar. Esto muestra al público, además, que no hay buenos o malos, que la vida está llena de grises y que no se puede juzgar a la persona que está al lado, porque también debe tener una historia difícil.

18698403_10156212137763852_5984913866418327450_n.jpg

Por otro lado se encuentra Hasta el hueso: un film que sigue la historia de Ellen (Lily Collins), una joven con Anorexia, con un temperamento que le cuesta la permanencia en las distintas instituciones donde realizaba su tratamiento, y debe recurrir a un médico no-tradicional (Keanu Reeves) para intentar mejorar su condición. 

En este caso, los pulgares bajos se enfocan en el tratamiento que, aunque desde el principio se aclara que es no-convencional, posee detalles imposibles de pasar por alto. Por ejemplo, la falta de control de la dieta de las pacientes (hay una joven que únicamente comía mantequilla de maní) y las graves consecuencias que esto puede tener; la huida de la institución de la protagonista, sin consentimiento de ninguna autoridad, sin avisar a la familia, siendo que se encontraba en una situación de riesgo de vida; y la “solución” de la madre con la mamadera del final, para completar el repertorio de intervenciones absurdas.

Fueron excelentes las descripciones de lo que significa padecer un Trastorno de la Alimentación, mostrando la necesidad de hablar del tema de forma responsable y frontal, y de la importancia del apoyo emocional para sobrellevarlo. Sin embargo, la caracterización de la protagonista es destacable, ya que la actriz se vio muy comprometida con el personaje, bajando mucho de peso e integrando detalles de crudeza y realidad que pueden llegar a ser chocantes al público. De hecho, todos los personajes demostraron compromiso y proximidad con el tema en cuestión, incluyendo además cómo afectaba su condición a las ideas que tenían para sus vidas. 

18698403_10156212137763852_5984913866418327450_n.jpg

Por último tenemos Atypical, que sigue el caso de Sam (Keir Gilchrist), un joven que a pesar de su diagnóstico de Síndrome de Asperger (que se encuentra dentro de los Trastornos del Espectro Autista) posee lo que se llama un “alto rendimiento”, lo que significa que puede desarrollarse en la vida cotidiana con bastante autonomía. La historia se desarrolla alrededor de cómo se enamora de su terapeuta, su motivación por empezar a salir con chicas y cómo reacciona la familia respecto al tema. 

La ficción tiene un punto fuerte, que es el tratamiento de Sam. Tanto el grupo de apoyo al que asiste la familia como el trabajo de Julia (Amy Okuda), su terapeuta, son destacables. El apoyo emocional, el uso de terminología específica y el abordaje centrado en los deseos y oportunidades del protagonista, son claves que dan contexto a una patología de la que se ha hablado mucho y muy poco al mismo tiempo dentro de Hollywood. 

El verdadero problema de la serie es Sam en sí mismo. Están bien logradas las conductas estereotipadas como los tics, el relacionar todo con su tema de conversación preferido (la Antártida) y su comprensión literal de las expresiones, pero le falta una vuelta de tuerca. Debería ser más difícil olvidarse de todo lo que implica su diagnóstico, para centrarse únicamente en su necesidad de salir con chicas. De hecho el “alto rendimiento” del personaje es básicamente idílico, por no decir inalcanzable. Pareciera que los creadores de la serie únicamente quisieran transmitir la idea de que “todos somos raros”, para lo que un joven con TEA les proporcionaba el perfil que necesitaban, sin comprometerse verdaderamente con lo que significa. 

 

Es chocante el humor que se intentó aplicar, ya que como mínimo es ´raro´, sin terminar de ser gracioso ni de ser dramático.

 

A partir de esto, se deduce que lo que tienen en común estas ficciones es el abordaje de temas difíciles, que es necesario hacer visibles en los tiempos que corren, usando un enfoque más cercano a la realidad de lo que estamos acostumbrados. Pero tienen una diferencia esencial en cuanto al lugar desde donde están pensadas.

La famosa cantante y actriz Selena Gómez es la cara tras 13 razones, la cual decidió adaptar tras haberse identificado mucho con Hannah al leer el libro de Asher por haber sufrido situaciones de bullying similares mientras trabajaba en Disney. 

En Hasta el hueso, tanto la actriz principal (Lily Collins) como la directora (Marti Moxon), declararon haber sufrido de anorexia durante su adolescencia. Esto lleva a ambas mujeres a reproducir las situaciones en la pantalla de una forma mucho más emocional y cercana para la audiencia que lo que otros podrían haber hecho.

Finalmente Robia Rashid (quien trabajó para How I met your mother) es la guionista de Atypical. Aunque declaró que consultó a profesionales muy capacitados de la Universidad de California (lo que ayudó a desarrollar adecuadamente el tratamiento del joven), claramente no fue suficiente para lograr una buena ficción. Además, una de las más grandes críticas que se la han hecho, es la carencia de personas con TEA en la producción.

 

El abismo que separa una buena ficción de una mediocre es su forma de contar la historia.

 

El compromiso de todo el equipo por querer mostrar el mundo del personaje es esencial para que el espectador al ver, escuchar y sentir las emociones plasmadas en la pantalla, realmente disfrute. El cuidado en los detalles, la minuciosidad y el esmero con que se tratan estas delicadas problemáticas, forman una capa de respeto y consideración, capaces no sólo de informar y concientizar, sino también de contener a quien pueda estar pasando por algo similar y de abrir los ojos a las personas a su alrededor.

Dicen que para hablar sin saber hay mucha gente. También dicen que los únicos que pueden ayudar o entender una situación, son aquellos que pasaron por algo similar. Claramente, estas ficciones nos muestran el poder del conocimiento y la experiencia cuando se trata de contar una historia. Y da gusto verlas, cuando demuestran que saben de qué están hablando.