STAND UP PARA LOS QUE NO CONSUMEN STAND UP

STAND UP PARA LOS QUE NO CONSUMEN STAND UP

Hacer reír es difícil. Muy difícil. Y si un día la audiencia no responde, y si el show decae, “me voy a mi casa a llorar, y vuelvo al día siguiente,” ironiza Leandro Igounet, comediante de stand up y miembro de JA! (da para re ir).

Como aclara Leandro entre pitada y pitada de cigarrillo, el gran boom del stand up fue hacia el año 2013, pero cuatro años después, la audiencia se ha ampliado y no es raro hoy en día encontrarse con un público de dieciséis o diecisiete años en frente.

En el stand up, como en todo género que busca hacer reír, te puede salir todo escandalosamente brillante o escandalosamente mal. Lo mediocre, en cualquier caso, no cuenta, porque la risa es salud y la risa es recuerdo, al igual que una mala experiencia; mientras que lo que pasa sin pena ni gloria no perdura.

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Sergio "Lata" Cingolani y Leandro Igounet hacen JA! (da para re ir) en The Cavern , en el Paseo La Plaza. Tras nueve años (que Lata se encarga de asegurar que “en realidad son diez, no sé porque pusimos nueve”), es claro que JA! logra hacer reír, y lo afirman los aplausos que se escuchan en la sala donde sucede la magia de la risa.

Nosotros somos los miembros originarios de lo que hace diez años se llamaba la Standup Comedy Band,” explica Lata, recordando lo que fue un origen con cinco personas que provenían de diferentes disciplinas y decidieron unirse para hacer stand up. Y mientras relata sus andares por los parajes de la comedia, Leandro grita sarcásticamente “siempre fuimos un éxito, somos los mejores,” fiel a su estilo de comediante, cosechando risas.

El humor de Lata y de Leandro, si bien similares en algunos puntos y parte de un mismo show, distan de ser hermanos. Con una clara influencia de sus formas personales y estilos de vida, mientras Lata se ríe de los orgasmos que no consiguió y de las mujeres con las que se acostó, Leandro se ríe de su abuela, de las colas de banco y de trivialidades del día a día.

 

Juntos son la experiencia que se ríe de los errores tras haberlos cometido todos, y la perspicacia de una juventud sarcástica que no se encasilla, pero está demasiado cómoda para luchar un poco más. 

 

Entre juegos con el público, chistes que se desatan en base a detalles de los espectadores y algunos gags incómodos que hacen reír por el mero hecho de decir crudas verdades, el espectáculo de Lata y Leandro es una buena opción a la hora de introducirse en el mundo del stand up.

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Del otro lado, sentado en una silla, ir a ver stand up significa la risa que se escapa y el aplauso espontáneo. Pero también la irracional ansiedad que se siente si el público no responde (aunque uno esté en el lugar del público), el debate de aplaudir o no aplaudir ante un chiste que choca con cuestiones personales (¿es una falta de respeto no aplaudir?) y ese momento en el cual el personaje del escenario se dirige a uno, y uno no sabe si rogar que la tierra lo trague, si rematar con un chiste para seguir el humor, si responder de forma inteligente, o si responder algo espontáneo que al final lo haga quedar a uno como un idiota (generalmente, esta es la opción más verídica).

Ir a ver stand up es no sólo reír, sino conectar con obviedades de la vida cotidiana que por razones ajenas a nosotros han sido naturalizadas pero que, en el fondo, son tan ridículas como graciosas: ¿por qué todos jugamos con los separadores de la fila en el banco? En ese aspecto, JA! logra su cometido, y de la mejor manera.

Lata y Leandro son una opción recomendable para un fin de semana, la sala incluye mesas, menú y buena comida, además de un clima de familiaridad y buena vibra que hacen de JA! más que un espectáculo de stand up: lo hacen casi parecer una gran charla entre amigos. Sólo que, esta vez, con amigos realmente graciosos.

Comunicadora Social. Fotógrafa del mundo.

"No pierdas de vista el horizonte"