PRENDER UN FUEGO: NO LE CREAS AL HYPE

Cuando hablo de Marilina Bertoldi me es imposible no remitirme a mi adolescencia, a aquel 2012 en el que Connor Questa me cautivó con su potente sonido que vagaba entre lo furioso y lo melancólico, y cuando su frontwoman me hechizó en un trance musical que se mezclaba con su cabello revoltoso y su campera de cuero. Desde el inicio de su carrera hasta el dia de hoy, cada trabajo que Marilina saca resulta más cautivador que el anterior, demostrando que dentro de un mismo estilo se pueden explorar distintas facetas, desde el rock pesado hasta lo acústico, sin dejar de jugar con estructuras y melodías pop. Sexo Con Modelos (2016) se mantiene  hasta el dia de hoy como uno de mis discos nacionales favoritos, justamente porque todos los elementos de la carrera previa de Marilina confluyen en diez tracks generando un trabajo que resume a la perfección quién es Marilina Bertoldi, y quizás sea por eso es que mis expectativas sobre Prender Un Fuego (2018) eran enormes, y la espera por su nuevo trabajo se me hizo eterna.

Se diferencia de los discos previos de Marilina por ser el que más juega con una esencia pop

Escuchar este disco por primera vez fue una experiencia rara, una mezcla de sentimientos encontrados que iban desde la fascinación por un claro sonido repleto de matices nuevos dentro de la discografía de la artista santafesina, hasta la punzante sensación de no estar seguro de si lo que estaba escuchando me terminaba de gustar, o si este rumbo que Marilina eligió seguir para su último trabajo me dejaba insatisfecho como «fan».

Prender Un Fuego (2018) se diferencia de los discos previos de Marilina por ser el que más juega con esa esencia pop que viene arrastrando desde los estribillos de Somos Por Partes (2011), y uno esperaría que la escucha de este trabajo resultara amigable y accesible, pero hubo en mi un sentir casi reaccionario a la hora de transitar los 36 minutos de duración del LP. Quizás fue en parte por la decisión de la artista de no entregar estribillos tan pegadizos como en sus discos anteriores, siendo ‘Nunca’ y ‘Remis’ las excepciones de esta tendencia, o por el hecho de que la experimentación sonora que comenzaba a asomarse en Sexo Con Modelos (2016) se plasma totalmente en temas como ‘China’ y ‘Tito Volvé’, canciones que desentonan con el resto de la propuesta popera del trabajo. Pero a medida que seguí escuchando Prender Un Fuego (2018), de a poco comencé a experimentar el recorrido que Marilina propuso de una manera más adecuada.

Comenzando con ‘O No?’ y su espesa atmósfera de guitarras graves que te introducen al disco como una canto de guerra que te prepara para una batalla, pasando por el groove de ‘Fumar De Dia’ y ‘La Casa De A’, donde la cantante saca a relucir su fantástica habilidad para componer hits, y concluyendo con la melancolía de ‘Techo’ y ‘Prender Un Fuego’, el nuevo trabajo de Marilina Bertoldi puede resultar levemente desafiante por la variedad de sonidos que propone, sin dejar de ser lo suficientemente atractivo para quien decida entregarse totalmente a la declaración personal que la artista realiza a través de su música.

Este último trabajo nos presenta una Marilina más relajada

Este último trabajo nos presenta una Marilina más relajada, con la seguridad que le otorga tener cinco discos en su espalda y una fanbase fiel que sabe interpretarla como una de las artistas más interesantes de esta época. Es teniendo en cuenta esto —o no pasándolo por alto de manera errónea, como hice yo— que uno puede entender a Marilina, quien ya no es la misma persona que era hace 7 años cuando Connor Questa sacaba su primer LP, ni es la Marilina que coqueteaba con sus primeras canciones solistas tímidamente en Youtube con El Peso Del Aire Suspirado (2012). No, esa Marilina se encuentra enterrada bajo la dulce melodía de ‘Correte’, o bajo la melancolía del sintetizador que hace levitar su voz en ‘Intervalo’. Pretender que Marilina sea quien nosotros queremos es no entender quién es ella y Prender Un Fuego (2018) nos lo recuerda, como una cachetada endulzada, una carta de amor envenenada que nos dice: “Yo voy a hacer lo que me haga sentir mas cómoda”.

Prender Un Fuego (2018) es un disco cuanto menos interesante, y probablemente sea de los más comentados del año. Después de digerirlo y llegar a esta conclusión no puedo evitar reflexionar sobre esas sensaciones que tuve en la primera escucha de este trabajo, y cómo mi propia expectativa me jugó una mala pasada. Quizás es el arma de doble filo que convive en la relación del artista y quien consume su arte, la cual se manifiesta entre lo que uno espera y lo que el artista ofrece. No creo que este sea el mejor trabajo de Marilina, pero tampoco creo que esté obligado a serlo, ni que ella busque que sus discos compitan entre sí. Solo puedo estar seguro que, después de comprender este disco, hay un momento entre el comienzo de Prender Un Fuego (2018) y su conclusión que no puedo evitar volver a ser el mismo chico de dieciséis años que se sintió maravillado ante la presencia artística de Marilina Bertoldi, la cual hoy en día ya es innegable.