BOMBA ESTÉREO EN EL KONEX: “QUEREMOS INVITARLOS AL RITUAL DE BAILE”

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El escenario de Ciudad Cultural Konex se vistió de selva amazónica para recibir a la banda caribeña. De entre medio de una ambientación variada de frutas y plantas tropicales el rugido de la tigresa colombiana, Liliana “Li” Saumet (cantante y líder del grupo), supo abrirse paso para adueñarse de la voluntad de los cientos de cuerpos que estuvieron a su merced durante la enérgica presentación.

Los últimos rayos de sol reacios a morir fueron dichosos de contemplar el inicio del show. El Konex lleno y su escenario vacío. Un juego de luces estroboscópicas empezó a centellar y frenó de un momento a otro de manera estrepitosa. La pantalla ubicada detrás de los instrumentos ya dispuestos se encendió y comenzó a proyectar un video con cifras alarmantes, concientizando sobre la tala indiscriminada y la contaminación plástica bajo el hashtag #siembraconciencia (propuesta ecológica que lleva adelante la banda).

Los músicos entraron a escena con una suerte de mantra sonoro. La voz de Li, todavía ausente arriba de los tablones, emergió de los parlantes mientras decía:

Queremos invitarlos a una meditación. Vamos a conectar con nosotros mismos. Vamos a invitarlos al ritual más viejo que existe. Queremos que durante la próxima hora y media se olviden de todo y conecten con ustedes mismos porque el presente es lo único que importa. Queremos invitarlos al ritual del baile”.

Finalmente la cantante ingresó al escenario con un vestido verde esmerilado. Con esa piel de serpiente, actitud de leona y pies voladores se adueñó del escenario como una quimera voraz. Su boca de aguardiente y poesía tropical comenzó a rimar conforme arengaba a un ejército de soldados danzantes a desinhibirse aún más. Bajo la frase: “moviendo las caderas toda la noche entera”, el primer tema adelantaba lo que sería el resto de la velada.

Los ritmos y sonidos teletransportaron a las masas al caribe. Sin querer observar para que la realidad no arruinase el trance, detrás suyo, el imaginario colectivo supo regalarse un atardecer de fiesta bailando en playas paradisíacas.

Una suerte de quena colombiana guió a la audiencia con su melodía mientras sonaban los primeros acordes de ‘Soy Yo’ La comparación con el flautista de Hamelin parecía casi imposible de evitar. Imágenes tropicales y pájaros exóticos aparecían en la pantalla mientras que las luces con los colores de la bandera colombiana fluían en sintonía con el meneo multitudinario. Llegado cierto punto, no se sabía si la gente bailaba al compás de la música o si los músicos tocaban en consecuencia de la danza que estos ofrecían.

Luego de una hora y cuarto de show Li bromeó con el público: “Bueno, ahora que entramos en calor ¿quién quiere fiesta? Llegó el momento importante de explotar juntos. Todos juntos, ¿se imaginan lo que va a ser eso? No se hace todos los días. ¿No?”. Y así comenzó una versión super-extendida de ‘Cumbia Psicodélica’. Los músicos desde arriba del escenario dieron indicaciones invitando al público a agacharse hasta tocar el suelo, solo para hacerlos subir y estallar en palmas y gritos al alcanzar el clímax de la canción.

Como si hubiera sido cronometrado, exactamente 90 minutos después del mensaje inaugural de la vocalista, la banda abandonó el escenario. Por supuesto, fue solo para dar un respiro, y minutos la noche tuvo su necesario encore: primero ‘Fuego’ y ‘El Alma y el Cuerpo’.  Con semejante despegue, una chica le dijo a su amiga: “ah bueno… a estos les gusta la joda más que a nosotros”.

Saumet rapeaba: “No lo dejes apagar” ¿Cómo dejarlo? Abajo la pista de baile era una hoguera de cuerpos apretados a punto de estallar. Se interpuso con su free style: “Sigan caminando esta letra”, guiando cual chamán a través de un viaje espiritual que estaba por concluir. “La fiesta se la doy al que le guste vacilar” fue el remate para que el público volviese a estallar por última vez en un frenesí musical caribeño.

Aquí el setlist.

Todas las fotos por Brad Borja | Colaboración por Facundo Macera