LAS MÚLTIPLES CARAS DE LOS ARCTIC MONKEYS

Arctic Monkeys @ Optimus Alive '14 por Marta Riveiro

Arctic Monkeys @ Optimus Alive '14 por Marta Riveiro

Arctic Monkeys es, sin dudas, una de las bandas que más ha marcado la música del siglo XXI. Los aún jóvenes músicos de Sheffield supieron ser uno de los grupos emblema de la popularización del movimiento indie anglosajón que se dio a principio de los 2000. Con una ideología que siempre tendió a la autogestión y la libertad creativa por sobre todas las cosas, Alex Turner y compañía transformaron lo que en principio era una simple banda entre amigos de la secundaria en uno de los proyectos musicales más grandes de su generación.

Corría el año 2005 cuando, tras haber firmado con el sello Domino Records, el cuarteto de adolescentes británicos lanzó su primer trabajo de larga duración: Whatever People Say I Am, That's What I'm Not, disco que sintetizaba la mirada de un joven inglés sobre temas tan variados como las problemáticas de la clase obrera de su ciudad, y la cotidianeidad de la escena indie local. Un sonido crudo, veloz y novedoso, junto con  la estrategia de regalar demos en sus shows para que la gente supiera las letras de las canciones cuando los fueran a ver, fueron los factores que provocaron el ascenso popular del conjunto entre la juventud inglesa. Su fidelidad a estos principios «indie», plasmados en un constante rechazo a unirse a compañías discográficas como EMI, sirvió para constatar que los Arctic Monkeys eran una banda auténtica y más que merecedora de la reputación que fueron ganando en sus primeros años.

Tan solo dos años después, su tan esperado segundo LP, Favourite Worst Nightmare (2007), llegó a los oídos de los ansiosos fanáticos. Con la reciente incorporación de Nick O’Malley —quien reemplazaría al anterior bajista, Andy Nicholson, tras su partida del grupo debido a la fatiga que le produjo el inesperado encuentro con la fama—, el cuarteto entregó un trabajo violento, directo y garagero el cual redoblaba la apuesta sonora de su primer disco, en gran parte debido al despliegue de habilidades del baterista, Matt Helders, quien con sus ritmos frenéticos construía en canciones como ‘Brainstorm’ o ‘D Is For Dangerous’ la espina dorsal del sonido de la banda.

Si bien Favourite Worst Nightmare presentaba un sonido más consolidado, redondo y pesado que su predecesor, el espectro musical bajo el cual se movían los monos no podía escapar de la simple pero adecuada etiqueta del «indie rock». La primer gran variación sonora llegó en 2009 de la mano de Josh Homme, cantante y guitarrista de Queens Of The Stone Age, quien produjo el tercer disco de la banda: Humbug. Siendo grabado en el estudio Rancho De La Luna, en Los Ángeles, el nuevo trabajo de los Arctic Monkeys presentaba un sonido mucho más emparentado a la influencia stoner que aportaba Homme a la agrupación. El espíritu frenético de sus predecesores dio un paso al costado  para darle lugar a una atmósfera más oscura y densa. Junto con este viraje estilístico llegó una nueva apariencia para la banda: presentándose a sí mismos con unos cabellos largos y desarreglados, el grupo mostraba el último bocado de esa austeridad indie que los caracterizaba, ya que esa timidez adolescente que Alex Turner dejaba ver en el videoclip low cost de ‘Cornerstone’ se esfumaría para siempre.

Suck It And See (2011) fue el siguiente paso. Alejándose momentáneamente de Josh Homme —quien sería reemplazado en el rol de producción por James Ford—, pero sin dejar de lado la influencia estética que tanto esta renombrada figura del rock pesado como su paso por la ciudad de Los Ángeles les dejarían, la banda planteó una nueva búsqueda para su cuarto disco, con un sonido más «amigable». Coqueteando tímidamente con ese sonido crudo que los caracterizó al principio de su carrera, pero sin dejar de lado todos los matices estéticos que ganaron con los años, el conjunto apuntó a una mayor presencia de melodías pop reposadas sobre bases fuertes y rockeras. Luciendo camperas de cuero al mejor estilo James Dean, Alex Turner y compañía mostraban una cara de los Arctic Monkeys que desbordaba confianza y actitud, cualidades que parecían haber estado siempre dentro de ellos, solo que ocultas entre el acné y las inseguridades de un adolescente.

Llegado el 2013, el sonido pop que se asomaba en Suck It And See terminaba de aparecer en su quinto trabajo de larga duración: AM, disco que el mismo cantante confesó bautizar como un tributo a The Velvet Underground y su famoso disco de recopilaciones inéditas de 1985, VU. Si en su anterior trabajo los Arctic Monkeys exudaban actitud, en este disco la impregnaban en cada nota e instrumento presente, dando como resultado un álbum con mucho groove y sensualidad, y un Alex Turner totalmente consciente del lugar primordial que ocupaba en el mundo de la música.

Luego de una larga pausa de 5 años en la cual Alex se dedicó a explorar otras estéticas en su proyecto alternativo, The Last Shadow Puppets, la banda de Sheffield regresó este año con su sexto trabajo discográfico: Tranquility Base Hotel & Casino, disco amado por unos y odiado por otros, pero incomprendido por la gran mayoría. Abriendo el LP con la particular frase: “I just wanted to be one of The Strokes”, Alex Turner hace una interesante declaración mientras luce una nueva estética que remite a la clase alta chic de los setenta: el niño indie que cantaba con voz rasposa y lucía un flequillo revoltoso en Whatever People Say I Am, That's What I'm Not ya no existía. O, por lo menos, se encontraba enterrado bajo todas las facetas recorridas en los últimos 13 años, bajo la influencia de Josh Homme y su actitud rockabilly, el deseo de convertirse en un rockstar, de ser uno de los Strokes, de imitar a Lou Reed y The Velvet Underground o a Johnny Cash.

Ahora entre colores opacos, ropa elegante y una estética visual kubrickeana, los Arctic Monkeys se encuentran en la etapa más madura de su historia, la llegada a la adultez después de una adolescencia que pareciera haber durado muchísimos años y está plagada de hits inolvidables, discos irrefutables y una carrera que pasará a la historia como una de las más atractivas y variadas de la historia del rock.

Los Arctic Monkeys se presentarán en el próximo Lollapalooza Argentina. Clickeando aquí podés comprar tus entradas.