EN FOCO: LA MELANCOLÍA DE UN ENSUEÑO

Una foto puede funcionar con infinitos mecanismos: puede apelar al recuerdo, puede ser un retrato, un documento, un testigo. También puede ser un elemento movilizador de emociones, un soporte que transmita un mensaje que te cale los huesos y, con el poder que solo lo icónico de la fotografía puede brindar, decir algo sin palabras.

Pablo Selles se describe de forma sencilla, casi con timidez. Sus palabras son el reflejo de su fotografía y quizá también de sus propias experiencias de vida. “Hace más de tres décadas que nací y viví en San Fernando, una ciudad ni mejor ni peor que alguna otra en Buenos Aires —explica al introducirse—. Durante muchos años he estado involucrado en paisajes. Hoy en día los retratos ocupan la mayor parte de mi tiempo. La nostalgia, las miradas y las emociones son los principales factores a la hora de transmitir en mis trabajos”.

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Tal y como expresa, la fotografía de Pablo es característica por su impronta visual en una paleta que evoca lo más nostálgico y triste de la belleza. Con un cuidado casi pulcro de cada detalle, el fotógrafo se centra en retratar a las modelos con un peso emocional que interpela al espectador en una forma íntima. Y es este también su objetivo, ya que su meta al fotografiar es “poder transmitir”, reflexiona el fotógrafo y luego se explaya: “Creo que hoy tenemos una oferta muy grande de capturas dando vuelta en internet y nuestra mente absorbe las imágenes de modo increíble, por sobre cualquier otra cosa”.

Es así cómo aparece el poder de una foto: “en esa carrera de clics espero que, cuando alguien pase por una fotografía mía, se tome diez segundos antes de su próximo click y pueda pensar: ¿de dónde viene esta persona? ¿por qué está así? ¿qué pasó acá?” Todo esto ocurre, ciertamente, a través de la mirada. La misma produce un juego que, si bien no deja de ser ficticio, produce en el observador una sensación de interpelación: es un grito, una plegaria, una complicidad. Por un segundo, somos parte del mismo instante.  

Al remontarse a sus orígenes, Pablo aclara que “al principio, descubrir la fotografía fue una necesidad. De muy chico entendí que había cosas que no podía contar solo con palabras. Visualizar una escena en mi mente y poder ejecutarla en la forma exacta en que la veía me pareció algo tan aterrador como interesante. Lógicamente que no ha sido para nada fácil desde ese momento, en el arte generalmente llegan muy pronto las decepciones y mi caso no ha sido diferente”.

 

“El estilo propio para un fotógrafo es algo muchas veces hasta inconquistable”

 

Pero el camino de las frustraciones no ha sido un impedimento para su avance como artista. Pablo continuó su trabajo, en busca de perfeccionamiento y, por qué no, estilo propio. “¿Sabés?, el estilo propio para un fotógrafo es algo muchas veces hasta inconquistable. Puede pasar mucho tiempo hasta encontrar un estilo donde realmente te sientas cómodo, que salga de adentro tuyo y que cuando lo veas plasmado lo sientas genuino” reflexiona, honesto, al hablar de sus cambios. Su objetivo en la evolución del trabajo es poder lograr que alguien vea una fotografía suya y pueda decir “no hizo falta ver al autor, sabía que era tuya”. Este objetivo, tan simple como tan complicado, “es ya un halago, porque sé lo difícil que es encontrar esa impronta. Una vez que por fin encontrás tu propio estilo, creo, es donde todo comienza”.

Pablo se especializa en retratos y paisajes, pero son los primeros los que más tiempo le ocupan hoy en día y los que más carga emocional tienen. Esta carga, como todo artista, es resultado también de un proceso personal: “la vida me ha puesto en momentos de mucha dificultad y mi cámara siempre estuvo allí. Es trabajar con esa captura y poder visualizar durante un rato largo de edición todo eso que tenés por dentro, pero frente a vos”. Es así como define qué es la fotografía para él: “el punto de encuentro entre lo que pasa y lo que me pasa, muchas veces también es una realidad alternativa”.

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Reflexionando sobre los elementos que debe contener un retrato para ser un buen retrato, Pablo opina: “un retrato cuantos más elementos personales tenga, más se va a convertir en algo universal. Cuando la fotografía esté terminada va a contar una parte de la historia, nuestra parte. Si es lo suficientemente real, cada quien va a tomar esa parte y lo va a trasladar hacia algo propio”.

Pablo es el fotógrafo de la nostalgia emocional, cuyos planos y formas de edición logran crear una atmósfera donde el cuerpo representado en la foto y el ojo que lo mira forman una conexión que, por un segundo, es real e íntima. El mensaje no está implícito y queda a cargo de quién mira poder interpretarlo.

Y quizá, su forma de ser se explique mejor que nunca cuando se le pregunta cuál es su mejor foto: “me estoy preparando para que pueda ser la que haga mañana”.

Por último, Pablo se deja conocer y elige una foto propia para describirse a sí mismo:

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Todas las imágenes © Pablo Selles