FLOW DE CUYO: AL LÍMITE

Tras dos años de la salida de su debut Chupalapija (2016), Perras On The Beach sacó el pasado jueves, de manera totalmente inesperada, su nuevo disco. Con una apuesta redoblada sobre su característico sonido, la banda de Mendoza se anima a sorprender a sus seguidores e intenta cautivar a quienes aún no los conocían.

Límites. Esa es la palabra que primero se me viene a la cabeza cuando pienso en Perras On The Beach. Límites que se rompen, se desdibujan y desaparecen. Tanto a Simón Poxyran (guitarra y voz) como al resto de la banda les gusta jugar constantemente con estos límites. Un juego que pocos saben manejar, pero por el momento los mendocinos han sabido ingeniárselas para que su material se mantenga relevante... Y esos límites son la razón.

Por un lado, podemos pensar los límites como un techo o una barrera a partir de la cual ya no se puede avanzar. Muchos artistas se chocan contra esta barrera a la hora de realizar un sucesor de su debut discográfico, pero ¿por qué Perras no sufrió este destino con el que muchos desafortunados se encuentran? En primer lugar, se puede destacar que desde Chupalapija (2016) hasta Flow De Cuyo (2018) hay un cambio en el sonido que, si bien es sutil, funciona. Se nota claramente que desde la producción —a cargo de Usted Señálemelo y Luca Bocci— hay un trabajo más minucioso que en el material predecesor, y que desde la composición hay un cambio en la mentalidad y compromiso de los músicos a la hora de pensar su trabajo.

Hay temas que están destinados a convertirse en hits modernos, como el caso de ‘Tuca’ y ‘SanGucci’, siendo el primero una reversión de un tema acústico —que se eleva estupendamente desde la producción— y el segundo una suerte de rap/punk que intenta jugar con matices lisérgicos.

Provocar también es jugar con los límites. Y decir eso que al sistema no le gusta escuchar mucha gente lo interpreta como provocación, cosa que los Perras saben bien. ‘Municipálida’ tiene esa intención, pero es necesaria la aparición del rapero Wos para que la canción termine de elevarse como un himno antisistema, ya que si bien la disconformidad de Simón contra la policía y el Estado es totalmente válida, la lírica pareciera rozar lo irónico, lo que termina por jugarles en contra.

Los límites también se rompen desde lo sonoro. Los Perras no buscan encerrarse en un género, y por momentos pareciesen burlarse de esto de manera autoconsciente, sea haciendo una cumbia-punk o saliéndose de las estructuras predecibles de una canción. La banda hace básicamente «lo que quiere» y eso es parte de la estética que intentan establecer.

Hay un último límite del cual se puede hacer mención. Y es el que hace que Perras On The Beach le genere dudas a más de una persona... Si bien el avance en el sonido es totalmente aplaudible, hay algo dentro de lo que la banda plantea temáticamente —los temas recurrentes a tratar en sus canciones— que se siente simplemente repetitivo. Perras hoy por hoy se está moviendo sobre un límite que los hace mecerse entre la mediocridad predecible y un potencial enorme de búsqueda estética. El conjunto de Simón tiene la opción de elegir no reinventarse y morir en una mediocridad que se asoma levemente, o ahondar dentro de su propia lógica para demostrar que pueden hacer más que solo «canciones sobre porritos».

El límite de un sonido que se mueve por rincones inesperados y juega constantemente con los géneros, el límite de una temática que puede ser la perdición de la banda y el límite de provocar al sistema con el fin de expresar una disconformidad política. Eso es Flow De Cuyo (2018): un disco que está constantemente al límite, que por momentos sorprende y otros aburre, pero que sin dudas dará que hablar y —ojalá— inspirará a sus propios realizadores a seguir explotando su potencial.

Futuro realizador cinematográfico. Consumo todo lo que puedo, destruyo todo lo que toco. BROCKHAMPTON fan.