TRANQUILITY BASE HOTEL + CASINO: LLÉVAME A LA LUNA

Ayer se filtró a través de la web Tranquility Base Hotel + Casino (2018), el muy esperado sexto disco de estudio de los Arctic Monkeys, que también marca su regreso tras 5 años de ausencia. En Solo Para Entendidos te contamos todo acerca de la grata sorpresa con la que te vas a encontrar cuando lo escuches.

Considerando la evidente temática de un viaje a la luna —ya insinuada en la experimental y sinuosa “Arabella”— el inicio de Tranquility Base Hotel + Casino de la mano de “Star Treatment” no sorprende en lo absoluto. La voz de Alex Turner se encuentra bien al frente, llegando a los agudos sin problemas, reflexionando acerca de lo que hubiese podido ser su carrera de haber tomado otros rumbos. Alrededor suyo, una base ochentosa muy ambiental hace que la canción combine luz y oscuridad en la misma proporción, dibujando frente a nuestros ojos ese hotel en el espacio exterior.

Muy alejados de ese sonido puramente guitarrero y desfachatado de sus inicios, herencia de The Strokes y The Libertines, los nacidos en Sheffield continúan su ascenso con “One Point Perspective”. Una vez más, la voz de Turner resalta, seduce y tiene un lugar de privilegio, quedando por momentos la sensación —tal cual había explicado Jamie Cook un mes atrás— de que el disco podría haber sido uno solista suyo. Sin perder la vibra más bien ambiental, de varias décadas atrás, la guitarra y el bajo entran en escena causando gran impacto desde la furia y la precisión, respectivamente.

La conexión con “American Sports” es total, enlazando velozmente la canción sobre la base armada por el sintetizador. Aquí, los sonidos espaciales se adueñan por completo del momento, quedando el piano y el golpeo jazzero de Matt Helders como los únicos acompañantes de un vocalista en uno de sus más grandes momentos como profesional. Poco a poco, los efectos en la voz y la pedalera que utiliza Jamie Cook logran construir una atmósfera opresiva y llena de adrenalina al mismo tiempo que encuentra su abrupto final con sobrada elegancia.

Nick O’Malley es el arma principal de “Tranquility Base Hotel + Casino”, canción que le da el nombre al sexto disco de los británicos. Sus fintas se mimetizan por completo con el piano, mientras que desde la batería y el sintetizador llegan ráfagas sutiles de paranoia que nos informan la inminente cercanía de este alojamiento en el medio de la luna. Como el resto de las piezas, su duración no supera los cuatro minutos, algo que habla de un juego similar al que proponían en AM (2013), aunque con un grado de elegancia mucho mayor en lo que refiere a la estructura de cada canción.   

“Golden Trunks” es un botón de prueba claro respecto de todo lo que han evolucionado los Arctic Monkeys desde Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not (2006) hasta este pico creativo en el que han logrado conjugar todas sus influencias en una sola pieza musical. Casi como una sucesión perfecta, llegan a nuestros oídos el rock de garage desde la potencia de la guitarra, el jazz en la sensualidad y peso del bajo y la psicodelia cortesía de un sintetizador prendido fuego. La combinación entre agudos y graves por parte del frontman hace que una canción —que en otras manos sería normal— se convierta en un complejo entramado compuesto por pliegues muy profundos.

Apenas se escucha la introducción repleta de blues de “Four Out Of Five”, es imposible no agitar las caderas al ritmo de una base muy sensual. Sin explosión alguna, conteniendo la adrenalina, los Arctic Monkeys aparecen en todo su esplendor durante la primera canción que verdaderamente parece escrita para toda la banda. Los coros bien tenebrosos ayudan a darle un poco más de cadencia al tema, que cumple con el objetivo de hipnotizar y también recuerda a algunas de las baladas presentes en Humbug (2009) y Suck It And See (2011). La secuencia final contiene la primera distorsión clara, completando el panorama y haciendo inevitable pensar que será un gran éxito.

Lo notable de “The World’s First Ever Monster Truck Front Flip” es que representa un breve festival sonoro que se muestra mucho más alegre que el resto de las composiciones presentes en Tranquility Base Hotel + Casino. Conectado con su costado más lúdico, Alex Turner consigue lanzar desde el piano varias notas contagiosas que recuerdan a la vieja música de circo —con algo del foxtrot de los años ‘30— para luego acompañar con la voz a un ritmo que tiene en la versatilidad de Helders y el punteo de Cook dos cómplices inolvidables.

El viaje empieza a llegar a su punto más álgido con “Science Fiction”, una canción de amor impecable en cuanto a lírica y música, de la que Turner sale airoso con un tono y estilo muy similar a los que supo mostrar en “R U Mine?” y “Do I Wanna Know?”, éxitos de la placa anterior. El piano apunta hacia el terror más soft —cercano al Clase B por momentos— generando una atmósfera opresiva, donde las máquinas toman el poder y se hacen cargo de una realidad sumida en la conectividad de cual es imposible escapar.

El experimento se hace mucho más amplio durante “She Looks Like Fun”, pues el post-punk gana varios casilleros en el tablero sonoro, mientras el líder dialoga consigo mismo tratando de convencerse acerca de una mujer por la que tiene sensaciones ambivalentes. La guitarra tiene su lugar con toques desgarradores, mientras que el bajo y la batería cumplen con esa máxima que sostiene que no es necesario tener parafernalia y ruido para destacarse dentro de una canción.

Inscripta en un una línea de excelencia —dentro de la cual es necesario hilar muy fino—, la garganta de Alex se muestra en todo su esplendor de principio a fin en “Batphone”, una declaración de amor a la cultura pop que sin lugar a dudas cruza sonora y estéticamente todo el nuevo trabajo de su banda. El último track es “Ultracheese”, que desde el melancólico piano de apertura tiene ese sabor agridulce que deja toda despedida, más allá de tener la certeza de que los Arctic Monkeys han regresado para quedarse. A medida que avanzan los segundos, es fácil imaginar al frontman cantando de riguroso traje gris en la total oscuridad de un bar escondido con una tenue luz sobre su cuerpo, mientras sus compañeros crean el marco ideal con un groove muy suave.

Los Arctic Monkeys lograron regresar con un trabajo sin lugar a dudas superador en comparación con el resto de su discografía, y que se posiciona dentro de una cadena evolutiva muy clara. Poco a poco, se fueron alejando de los sonidos más terrestres para instalarse definitivamente en el hotel espacial, apostando a una complejidad hasta mayor a la mostrada en AM (2013). Aquel primer golpe sobre la mesa confundió a los fanáticos, generando opiniones divididas, algo que volverá a suceder —pero a mayor escala— cuando escuchen Tranquility Base Hotel + Casino. La riqueza del conjunto sonoro que conforman sus once canciones lo convierten en un trabajo experimental de muy alto nivel, donde el foco ya no está puesto en las guitarras y el lado salvaje, sino en el largo viaje que representa la vida y en cómo cada uno de nosotros reflexiona al respecto.

Locutor Nacional. (Casi) Licenciado en Ciencias de la Comunicación. Hooligan de Oasis y The Strokes. Amante de la buena música por encima de todo.