I KNOW THAT THE MORNING AFTER

Ese monstruo de nueve cabezas que es Octafonic no ha parado de crecer desde la intempestiva salida de su disco debut Monster (2014), uno que los presentó como un conjunto lleno de talento y versatilidad. Durante más de una hora, entretuvieron a una multitud que colmó la Sala Caras y Caretas con una lista atrevida y bastante diferente a lo habitual.

Pasadas las nueve y media de la noche, Nicolás Sorín encabezó la salida de Octafonic al escenario mientras el público aplaudía sin parar. El espectáculo comenzó con ‘Welcome To Life’, donde el jazz y la psicodelia se mezclaron con la distorsión proveída por la guitarra de Hernán Rupolo. Sin pausa, el delirio creativo continuó con ‘Plastic’, canción que suena cada vez más precisa y potente, moviéndose por el andarivel de la electrónica originaria y con toques de foxtrot desde los dos saxos (tenor y barítono).

Mientras Sorín y Rupolo se sonreían, el líder inició desde el teclado la rítmica y divertida ‘God’, con lo analógico y lo digital cruzándose en el golpe de Ezequiel Piazza en la batería. La primera sorpresa llegó cuando sonó la introducción opresiva de ‘Love’, pieza que no varía tanto de climas, pero que se ha consagrado como una de las más bellas de Octafonic. A sus espaldas, las olas del mar electrónico se agitaban sin cesar, mientras el saxo tenor entregaba un solo capaz de estremecer a una piedra.

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El viaje ganó en intensidad gracias a la paranoide ‘Physical’, sumiendo en la oscuridad del rock industrial a un recinto expectante y tenso a la vez. El sintetizador y el teclado se fusionaron, arrasando con todo tal cual la lava que cae sin freno de un volcán en erupción, poniendo también a todos a bailar con pequeños retazos de música disco.

La dulzura y la furia de ‘I’m Sorry’ contrastaron con la explosión elegante que se vivió durante ‘Rain’. El protagonismo de Mariano Bonadío fue absoluto en este punto de la noche, trabajando desde el octapad para que todo se vaya al demonio con la imagen del vidrio empañado y la luna llena como trasfondo perfecto.

La bola de boliche bajó definitivamente con ‘Mistifying’, mientras los saxos y el bajo lograban una melodía tan ascendente como contagiosa y seductora. Nunca deja de sorprender que puedan agregarle un poco de metal pesado a una edificación tan cercana a la música de los ’60, pero es claro que estos nueve profesionales pueden lidiar con casi todo lo que se les ponga enfrente.

Durante ‘Sativa’ fue abrumador el sonido desde el bajo y el octapad, conectando con el retro disco, pero sin dejar de lado las visitadas sombras del rock industrial. Sorín se erigió como el perfecto director para una orquesta que se convirtió sin más en una montaña sonora y que tuvo en ‘Mini Buda’ un momento ideal para descontrolarse con una buena dosis de trash metal.

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A pura ternura, el pequeño Julián, hijo del cantante y Lula Bertoldi, se acercó al borde de las tablas para pedirle que toquen ‘Monster’, coincidiendo justo con el momento de interpretar esa canción. El solo de Rupolo fue una vez más sublime, siendo este clásico uno de esos que también mejora con el correr de los años y que testimonia la pesadez que poseen en sus raíces.

La tradicional improvisación con Nicolás al comando y un excelente solo de Piazza sirvieron como descanso entre tanto vértigo. El bajista se lució con la introducción de ‘Wheels’, canción con un proceso de cocción muy lento, pero que siempre termina con un big bang notorio.

Ya sobre el final de la lista, ‘Slow Down’ representó un viaje a las entrañas del inconsciente, con el frontman agitándose como un típico cantante de hardcore por todo el escenario. La euforia se sostuvo gracias a un brutalmente preciso y salvaje Bonadío, quien movió el avispero al máximo en ‘Over’ y condujo los hilos desde un golpeo en el piso en el cierre habitual de la mano de ‘What’.

Con una nueva fecha dentro de poco tiempo en Buenos Aires, Octafonic realizó una nueva muestra de lo que puede dar en vivo. Pocas bandas consiguen tanta fidelidad entre el trabajo de estudio y lo realizado sobre el escenario como ellos, algo que se hace aún más elogiable considerando el nivel de complejidad musical que poseen. Lo que sucede es que todos saben que ellos no necesitan llegar a la mañana siguiente para convertirse en un verdadero monstruo.
 

Todas las fotos por Flor Berdi

Locutor Nacional. (Casi) Licenciado en Ciencias de la Comunicación. Hooligan de Oasis y The Strokes. Amante de la buena música por encima de todo.