YO BAILO, TÚ BAILAS, TODOS BAILAMOS…

Dicen que lo bueno dura poco. La tercera visita de Less than Jake se extendió apenas 64 minutos sobre el escenario de Gier Music Club, aunque para el medio millar de personas que abarrotaron el antro devenido en infierno pareció haber pasado más tiempo. Era toda una incógnita cómo le iba a quedar el lugar al quinteto americano, ya que allí no suelen tocar bandas con extensa trayectoria y un número considerable de fanáticos. Más aún si hablamos de un grupo que en 2009 y 2012 llenó el Teatro Flores con el triple de capacidad. En la previa, algunos asistentes le comentaron a SPE que esto se debió a la situación económica reinante y a la alta oferta de visitas internacionales.

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Cuando comenzó a sonar ‘Sugar In Your Gas Tank’, todas las habladurías quedaron de lado y Less than Jake nos transportó directamente a los ‘90, cuando Losing Streak (1996) irrumpió en las disquerías yanquis y consolidó a sus creadores como íconos de la movida costera ska, junto a Reel Big Fish, Goldfinger y Sublime. El baile y el pogo se instalaron en toda la superficie desde el minuto cero, y convivieron ocasionalmente con el mosh y el slam. Charlatanes como pocos, los Less Than Jake (salvo el baterista Vinnie Fiorello) hablaron literalmente entre todos los intervalos de canciones, poniéndole onda a pesar de que para algunos fue de manera excesiva y hasta en algunas oportunidades, sin sentido. Destacaron los lapsos de agradecimiento a los soportes argentinos (Raise my kilt, Matter Horn, Diagonal 18 y Hoda), la curiosa e improvisada revisión de mochila a un fan antes de tocar la eléctrica ‘How Is My Driving, Doug Hastings?’ (solo lo hicieron porque lo vieron equipado, y resultó ser una broma) y la breve interrupción en el himno ‘All My Best Friends Are Metalheads’ debido a la seria descompensación de un joven.

Comparada con las dos visitas anteriores, la tercera pareció una carrera contrrareloj, y apenas se pasaron los quince tracks. Entre el público quedó esa sensación de «¿Posta ya terminó?». Sin embargo, el combo de Florida llenó de elogios los oídos argentos: el cantante y guitarrista Chris Demakes repitió un centenar de veces que somos los mejores del mundo, mientras que el bajista y también vocalista Roger Manganelli, destilando menos demagogia, afirmó que cantar la parte de los acordes es lo que nos destaca y hace únicos.

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Con la excusa de presentar Sound the alarm (2017), último disco editado en forma de EP, los de la costa este de USA ofrecieron lo nuevo: ‘Bomb Drop’ y ‘Whatever the weather’ formaron parte de un repertorio que recorrió de forma uniforme la extensa discografía de una influencia directa en el ska-punk norteamericano de final de siglo. “¿Fuman porro acá? Esta va para los drogadictos de siempre”, cuestionó Chris: ‘Dopeman’ retumbó hasta escucharse sobre la avenida Álvarez Thomas, seguida de la hiper festejada ‘Johnny Quest Thinks We’re Sellouts’, dedicada a los que los habían tildado de vendidos en la década de los ‘90. “Estamos tocando un martes y están todos acá a pesar de que mañana trabajan. Es mi cumpleaños, así que la barra es de ustedes”, bromeó Demakes aunque rápidamente le recordaron que faltaban otras veinticuatro horas para su natalicio.

‘The Rest Of My Life’, la balada devenida en grito desgarrador vislumbró la despedida de un quinteto que prometió volver, que aún posee credenciales intactas en vivo desde hace 30 años y que lo mucho que habla también lo compensa con el ritmo, sustancia y piel que aplican en directo. El guiño al barrio en ‘Gainesville Rock City’ es la que más colgada queda en cuanto a lunfardo y entendimiento cultural, aunque la conexión visceral y física se mantenga en el show. Eso es muestra de que no importa de dónde vengas, en qué idioma hables o cómo te vistas, el punk une a todos aquellos que le siguen rindiendo culto. Hay que estar ahí para sentirlo correr por la sangre: Less Than Jake hizo que sucediera de vuelta.

Todas las fotos por Ninjah