HIDROFOBIA

La lluvia amenaza la noche porteña mientras el público rockero se comienza a congregar en Niceto Club. La curiosidad es el motor de una noche que promete y tres bandas con propuestas muy distintas serán las encargadas de brindar el ritual de 'La Dinastía Nocturna'. Una chica llora en la entrada de Niceto diciendo que uno de los guardias se desubicó con ella, pero nadie parece prestarle atención. La lluvia no es lo único que amenaza.

Tras cruzar las puertas, el frío del exterior se evapora lentamente del ambiente, el calor comienza a gestarse.

Comienza el ritual… Unos cabellos de color cian y una capa dorada que recubre una de las cuatro figuras femeninas emergen de la oscuridad. Marina Fages y su banda nos brindan un breve bocado de su rock canción distorsionado que promete más de lo que cumple. "Pueden acercarse un poco", dice la cantante casi como una súplica o un llamado a prender ese fuego que su música no termina de encender. El frío de las calles porteñas empieza a colarse entre las figuras de los concurrentes.
 

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Llegadas las 2 de la madrugada, Translúcido toma las riendas de la situación con su math rock electrónico. Los ojos de la gente expectante observan sorprendidos mientras un grupo de personas se hacen a un lado. El público no entiende de qué se trata: es la primer llama, esa que se estuvo guardando en los camarines de Niceto durante las primeras dos horas del show. Alguna gente resignada prefiere la lluvia al calor de un escenario que se derrite. Martín Rodríguez, bajista del conjunto que se encargará de cerrar la noche, se pasea por el lugar. Sabe que todo está controlado y que ellos solo deben poner el broche de oro a la fecha. "Aborto legal, seguro y gratuito", gritan por el micrófono los miembros de Translúcido antes de despedirse. Vuelvo a ver a la chica de la entrada cerca de mí y su expresión es otra. Las llamas la abrazaron, la acogieron y reconfortaron. La lluvia no va a ganar.

El clímax se hace desear, y en la última apertura del telón tres juegos de percusiones comienzan a sonar al unísono, uno de ellos bajo el comando rítmico de Walter Broide, quien cual shaman nos abre las puertas a una nueva experiencia desde lo sonoro.

Después de más de tres horas de espera, una buena parte de la gente se rinde y abandona el lugar. Triste pero cierto, algunas experiencias solo son merecidas por quienes denotan la virtud de la paciencia.

Cuatro músicos se hacen presentes luego de la introducción rítmica. "Valió la pena esta espera", dice una persona mientras suena la epopeya psicodélica de 'La Distancia'. Aún hay esperanza de que las llamas no se apaguen… Poseidotica las aprovecha.

Entender a la banda porteña y su estilo no es tarea fácil. Pero a veces entender es algo anecdótico y lo único que hace falta es dejarse llevar por un estilo absorbente y ecléctico. Y así, la hora y media de show se pasó volando, y con rostros cansados la gente volvió a las calles palermitanas. Agua sigue cayendo del cielo, pero ya nadie siente la lluvia. El fuego es parte de nosotros

Todas las fotos por Camila Antole

Se metió porque no tiene plata para pagar shows, pero sí para comer en McDonald’s cada vez que va acreditado.