EL ZAR: EL REDOBLE A LA APUESTA ESTÉTICA

Hay una melancolía dulce, una nostalgia sutil al desamor que atraviesa todas las composiciones de A los Amigos (2018). El disco, producido por Iñaki Colombo, Salvador Colombo y El Zar, refleja con su nombre el proceso de gestación del mismo, del cual formaron parte muchos amigos de la banda. Los ritmos bailables y las melodías tristes logran un equilibrio que mantiene a la audiencia en movimiento, pero al mismo tiempo permite conectar con algo un poco más profundo. Este disco sigue la misma línea popera trazada por el debut del dúo, Círculos (2016), y hay una evolución y profundización, pero no una propuesta distinta. Lo que sí hay es una vuelta de rosca en identidad y sonido: puede apreciarse una producción incluso más meticulosa que en el disco anterior, con una versatilidad mayor en el audio, los recursos y en la mezcla.

Lo que sí hay es una vuelta de rosca en identidad y sonido

El Zar es Facundo Castaño Montoya en voz y Pablo Giménez en guitarra. Desde 2014 vienen presentándose en distintos escenarios de Buenos Aires y del interior del país, y formaron parte del lineup del festival Nueva Generación Córdoba 2017 y Lollapalooza 2018. La propuesta para el vivo se agranda: los acompañan en escena Matías Verduga (batería), Nicolas Garay (guitarras) y Baltazar Oliver (teclados y programación).

'La Inmensidad', encargada de abrir el disco, es una excelente carta de presentación, y muestra un poco de todo lo que se viene: beat conciso que invita a moverse, claps, línea de bajo al frente, sintetizadores atmosféricos y juguetones, guitarras rítmicas y la voz de Facundo uniendo todos los elementos, protagónica. Se plantan, entonces, como parte de una nueva escuela de voces de la escena musical, donde ya el rol de cantante no queda en manos de cualquier miembro de la banda, no (¡al fin!). La voz es protagonista, es centro, es guía; siguiendo el camino de estilo que marcó Barco con su primer disco, Antes del Desmayo (2013), y que recorren hoy bandas como Bandalos Chinos o hasta Nidos. Hay una mezcla entre este sonido de nueva generación y melodías que remiten a varias canciones de la música argentina, influencia de los '70 y '80, pegadizas y finas. 

El primer single adelanto que publicaron en redes y plataformas, 'Los chicos no entienden', tiene, por sobre todas las cosas, aire de single, audio de hit, y no mucho más. Para conocer una banda siempre hay que ir más allá del single. Los riffs de guitarra con influencia de Cerati, los beats concisos y «estribilleros» introducen la siguiente canción, 'Dejarte Estar'. 

Justo en la mitad del disco, el punto cúlmine: 'Pensarlo de nuevo'. El verdadero hit y segundo corte difusión, producido por Tomás Susevich, introduce sintetizadores pegadizos, que juegan entre la base soft y el solo a lo Phoenix, la participación de Goyo Degano (cantante de Bandalos Chinos) como refuerzo identitario vocal y del género, una invitación tan sutil que para los oídos menos atentos podría pasar casi desapercibida. 

'El Túnel' podría ser un perfecto soundtrack para quien se calza los auriculares y corre por la vereda, lejos de un corazón roto. Tal vez es el constante mirar para atrás sobre un amor que no funcionó, o el bagaje simbólico que lleva el título -gracias Sábato-, pero este track entra en un nivel de intensidad que se construye de a poco a través de las demás canciones. 'Exceso de Especulación' funciona como un trampolín a este nuevo plan donde las guitarras son más protagónicas que los sintetizadores. Cierra el disco 'Un Movimiento', con una fuerte impronta ceratiana, haciendo hincapié en esta nueva fase que se abre en la segunda parte del álbum. 

Suena el último acorde de la última canción, llega el momento del silencio post-disco y la cabeza, sola, sube y baja asintiendo, porque A los Amigos es fresco, porque El Zar condensa muchas aristas de lo que se está gestando en la escena de música nacional, porque deja con ganas de más, y es solo es cuestión de poner play de vuelta.