KIDS GET EXCITED

Con una elogiable puntualidad, a las ocho de la noche ENDLRG salió a escena para empezar a calentar la noche. A tono con los anfitriones de la jornada, la banda de Gastón Ramos —guitarra y sintetizador en Usted Señálemelo— continuó con la exitosa presentación de su álbum debut titulado El Futuro (2018), en el que reina la experimentación. Además de la ejecución, sobresalieron la atención obsesiva a cada detalle, la capacidad para combinar con total naturaleza loops y beats muy diferentes entre sí y la muy sana curiosidad musical de cada uno de sus integrantes.

Apenas minutos después de las nueve, Panda Bear y Avey Tare —fundadores de Animal Collective, que además grabaron en soledad Sung Tongs en el año 2004— aparecieron flanqueados por dos telones verticales con ilustraciones que hacían referencia a la vida y la muerte. Luego de saludar, abrieron el juego con la extensa y climática ‘Tuvin’, donde armados solamente con dos guitarras electroacústicas, sus pies y una variedad de sonidos orientales, sumieron a todos en un estado meditativo profundo.

La tensión fue in crescendo en un teatro por completo silencioso, algo muy extraño y difícil de lograr al mismo tiempo. La complejidad no estuvo marcada por la cantidad de elementos utilizados, sino por el hecho de que una construcción que cruzó la psicodelia con las raíces tribales americanas como ‘Leaf House’ se llevó adelante con muy pocos recursos electrónicos.

Tan solo con los micrófonos y un amplificador, consiguieron generar el primer gran caos sonoro durante ‘Who Could Win A Rabbit’, llegando por momentos a sonar con la misma potencia que un aquelarre enfurecido. Pulso firme, sentando bases más cercanas al folk, pero sabiendo cómo exhibir al mismo tiempo claras influencias ibéricas en piezas más melancólicas como ‘The Softest Voice’ y ‘Covered In Frogs’.

Uno de los puntos más interesantes para remarcar fue el de la presencia y permanencia —entre una variedad de géneros y estilos oceánica— de sonidos que conectaron con la música del medioevo tanto en su forma más carnavalesca como en la eclesiástica. El viaje chamánico hacia las entrañas del sonido continuó de la mano de la abrumadora ‘Winters Love’ y de la más voluminosa ‘Kids On Holiday’, segmento en el que mostraron las primeras señales de aceleración desde las cuerdas.

Su faceta más bailable y alegre se experimentó cuando sonaron los acordes de ‘Sweet Road’, cortando el trip exactamente por la mitad con la muy extensa ‘Visiting Friends’ en donde la tranquilidad y la tensión se convirtieron en una sola sensación. La virtud de navegar por una gran variedad de climas fue otra de las cuestiones más destacables que mostró Animal Collective, quedando por delante para los norteamericanos el desafío de salirse de los moldes ya transitados hasta ese momento exacto.

Para fortuna de todos, el riesgo de caer en la monotonía fue esquivado con la reverberación extrema de ‘College’, mostrándose como parientes cercanos de Radiohead, para luego mantener el estilo más directo —dándole mayor centralidad a la voz— en ‘We Tigers’, ‘Mouth Wooed Her’ y ‘Good Lovin Outside’, que bien podrían haber sido una misma y larga canción. La sonrisa de oreja a oreja de ambos músicos fue consecuente con la estruendosa ovación que recibieron por parte de una afición verdaderamente enloquecida.

La desprolijidad perfectamente ensayada de ‘Whaddit I Done’ fue una verdadera sorpresa, entrecruzando sin cesar rasgueos de la misma manera que lo hicieron con sus voces durante toda la noche. La marcha lenta y contundente de ‘Prospect Hummer’ marcó el camino de la despedida, logrando que la tristeza reflejada en ‘Sea Of Light’ se convierta sobre su frenético cierre en una verdadera fiesta a la luz de la luna.

Ya superando la hora y media sobre las tablas, solamente quedó tiempo para la paranoia total en ‘Don’t Believe The Pilot’ y el espíritu más juguetón de ‘I Remember Learning How To Dive’. De esta manera, siempre en sus propios términos, Animal Collective le puso punto final a su muy esperado regreso a la Argentina. No se puede decir que su propuesta sea apta para cualquier público, pero es claro que la música contemporánea no puede prescindir de una banda que se encuentra en un constante proceso creativo —complejo, abierto y libre de prejuicios— donde el conformismo es la única mala palabra.

Todas las fotos por Natalia Vidal

Locutor Nacional. (Casi) Licenciado en Ciencias de la Comunicación. Hooligan de Oasis y The Strokes. Amante de la buena música por encima de todo.