SONIDO SUBTROPICAL EN COLEGIALES

SONIDO SUBTROPICAL EN COLEGIALES

El tumulto de gente ya adentro llega hasta el palier del teatro y, al lado de la mítica araña que cuelga del techo, ahora ocupa el espacio una máscara roja, un diablo que mira fijo hacia abajo e interpela a quién llega. Hay que pasar por debajo de él para entrar al recinto, para entrar al mundo-propuesta que ofrece La Delio Valdez. Y es que realmente se trata de entrar a otro mundo, uno donde arriba del escenario hay entre trece y quince músicos con camisas haciendo juego, hay baile, fiesta, invitados al micrófono y en el que nos envuelve, como dice el título del disco que se está presentando, el Sonido Subtropical (2018).

La formación total de la orquesta está compuesta por siete vientos (trompetas, saxos, trombones y clarinete), organizados por secciones como en las clásicas bandas de jazz, bajo eléctrico, guitarra, batería y varios percusionistas. Ivonne Guzmán y Black Rodriguez Mendez son los encargados de ponerle voz a la cumbia orquestada, en constante movimiento entre la luz protagónica solista y el rol de colchón en coros. Con tanta opción en el abanico de posibilidades, es valioso destacar la cantidad de matices que se manejan y la prolijidad al trabajar entre tantas personas en escena. La influencia de las grandes bandas de cumbia colombiana puede verse en los ritmos, en los arreglos y en el rol tan protagónico de los vientos.

La Delio Valdez cuenta con tres álbumes de estudio y un rol gestor en la movida de cumbia en Argentina, que forjaron través de fiestas y fechas: son parte de un género que siempre pisó fuerte a nivel local y que fue enriqueciéndose con el pasar del tiempo. La combinación de distintas aristas y recursos de géneros tropicales brinda una riquísima variedad de matices que pueden explotarse. Algunas melodías remiten a figuras melódicas de nuestro norte, a veces puede sentirse un poco de salsa, o de candombe, pero siempre vibra de margen que disfruta y forja identidad a través del baile y de la comunión colectiva. 

Atraviesa el show por completo una sensación de compromiso comunitario y celebración, y puede que la primera justificación que venga a la mente sea el número de músicos que componen la orquesta, pero también tiene que ver con el despliegue de escenario, con los pasos de coreografía de los vientos, el constante agite, con el disfrute que puede verse desde abajo, con los invitados que toman por dos segundos el timón del show, por la directa conexión de La Delio con el público. 

No es sorpresivo que en un show de dos horas ininterrumpidas y que mantiene los pies en movimiento haya intervenciones de otros artistas para generar versatilidad de emociones y propuestas. Por unos minutos, el show se centra en invitados de percusión, directo desde Perú: solo maracas, timbales y redoblante, el respiro para el resto de la orquesta que sale de escena y disfruta desde el costado. También ingresa, en otro momento del show, una agrupación de 20 trompetas al escenario y se suma a la ya extensa formación cumbiera. 

Este nuevo disco es la prueba fehaciente de que ningún género pasa de moda o deja de reinventarse, que la música es un crecer constante que se nutre y se explaya, se alimenta del colectivo artístico que la compone, se expande y da a luz nuevas expresiones todo el tiempo. El abrazo latinoamericano tiene su cristalización en un disco como este, que consigue combinar distintos elementos que remiten a las raíces de distintas culturas hermanas y vecinas, pero también también nuestras.
 

Todas las fotos por Flor Berdi