FESTIVAL BUENA VIBRA: DICEN QUE EL ÁRBOL SE CONOCE POR SUS FRUTOS

A lo largo de estos años el circuito under argentino supo cosechar y ver florecer algunas de las mejores bandas de la escena actual. El pasado sábado 12.000 personas se congregaron en la Paternal para escuchar doce de estas propuestas en un festival que lo tuvo todo.  

El sol veraniego vivenció sus primeros shows de la mano de tres propuestas jóvenes y refrescantes. Desde temprano, Ainda Dúo calentaba los tablones con sus ritmos electrónicos de pop minimal fijando una vara muy alta de lo que sería una jornada de música a puro clamor. Más tarde, llegó el turno de los hermanos Valdes de ponerse a danzar arriba del escenario. Con un pop sólido, la banda cordobesa supo ganarse al gran número de personas que iban acercándose desde temprano. Luego les siguió Banzai F.C. a agitar con su prosa popular y su funk efervescente. Cerraron su show tirando un free style de la mano del rapero Wos, con una fuerte crítica institucional. Casi enojado, soltó: “¿Cómo es que dicen que no hay talento femenino?”, antes de que su sección de vientos (compuesto casi en su totalidad por mujeres) estallara una última vez.

 
 

A media tarde, la banda platense Las Ligas Menores brindó un show enérgico desatando el frenesí en su público y acentuando, aún más, la presencia femenina en el festival. Desde abajo se veía una pose un tanto estática, para nada consecuente con la gran cantidad de adeptos que pogueaban y coreaban todos sus riffs —siendo nada raro el pogo en sus shows—. Finalmente, Niño Elefante (guitarrista del grupo Él mató a un policía motorizado) fue invitado a tocar la canción que cerraría su presentación.

Una voz histriónica comenzó a recitar una suerte de relato prosaico y oscuro: los Militantes del Climax entraban a escena. Un funk-rap visceral con los bronces dirigiendo a la batuta saltarina desde arriba del escenario fue lo que ofrecieron a lo largo de su casi hora de show. Abajo, el “Ejército de Militantes” siguió palabra por palabra las letras que reflejan la adversidad del día a día y la búsqueda del desarrollo espiritual.

El sol aún se negaba a morir cuando Bandalos Chinos comenzó su presentación acompañando la frescura del último aire veraniego. Un pop frontal con guitarras y sintes new wave fue lo que le trajeron a un público, que no tuvo miramientos en tornar el festival en una disco por un rato. Arriba del escenario, el conjunto de Bernal estaba lookeado al mejor estilo ‘Pánico y locura en Las Vegas’ con camisas coloridas y pantalones Oxford.

De pronto, alguien se desmayó en el público. Goyo, cantante y líder, frenó el show y pidió asistencia. “Cuidémonos entre todos por favor”, agregó por los altoparlantes antes de retomar. La gente retribuyó el gesto con aplausos. Sobre el final, el punto más alto del show se sintió con su canción ‘Quizá fue demasiado’.

 
 

El escenario pareció entonces incinerarse: el humo se entremezclaba con un juego de luces rojas y subía para empezar a perderse en el comienzo de una noche inminente mientras sonaban los primeros acordes que darían pie al inicio de la presentación de Marilina Bertoldi. Con una actitud feroz y prepotente, la cantante se paseó desafiante por el escenario. Detrás suyo, un destacable juego de visuales la proyectaban en llamas por las pantallas, coronándola como la reina del infierno dándole leña al fuego con cada frase que disparaba. “Permitan enojarse un poco”, dijo antes de arrancar con su último tema y desatando un pogo rabioso.

Finalmente llegó el turno del acto de Louta. Excéntrico y pintoresco, el joven cautivó con su puesta en escena la atención del público desde el minuto cero. Ritmos tropicales invadieron sus canciones, contagiando las caderas de la multitud. Zoe Gotusso (cantante de Salvapantallas) fue invitada a un banco de girasoles para interpretar ‘Ayer te vi’. La química entre ambos era palpable: cómplices, bailaron como dos niños que intercambiaban secretos hasta finalmente fundirse en un abrazo. La naturalidad hipnótica con la que Jaime James fue capaz de comandar a la gente pidiendo que se agachen, salten, bailen, aplaudan o muevan los brazos sorprendió a todos. “Que linda es la unión”, dijo mientras comenzaba a despedirse, no antes de que Marilina reapareciera  en el festival para cantar ‘Uacho’.  

No terminaba de concluir Louta cuando ya comenzaron a sentirse los coros populares del arranque de El Kuelgue. La simpatía descontracturante de Julian Kartun, frontman que lidera el conjunto, se tradujo en un manejo cómplice del escenario. En cada canción el cantante metía una suerte de danza torpe: es el chico ridículo y cara rota que baila mal en la fiesta; pero que sabe contagiar la emoción desinhibida y, en última instancia, con el que todos quieren divertirse. Su humor ácido-político desató más de una carcajada entre las miles de personas que fueron prisioneras de su atención. Tras agasajar a la audiencia con una hora de sátira hilarante y ritmos bossa, dio cierre a la presentación agregando: “¡Todavía quedan 3 bandas que la rompen y es verano!”. La gente vitoreó mientras los músicos regalaban un último estribillo.

 
 

Usted Señálemelo dio un show preciso. Lo más llamativo fue la gente compenetrada con sus temas y el hermoso coro de voces cálidas que el público supo armar durante la interpretación de ‘Agua Marfil’. Detrás de ellos, las proyecciones supieron fluir en total armonía con la música que los mendocinos brindaron a un estadio ya abarrotado de gente. “Venimos  a explotar”, cantó Juan Mango durante‘Big Bang’ mientras  el público estallaba en una danza eufórica guiados por las trompetas y saxos de la banda Morbo y Mambo (Machingo Russo y Andrés Ravioli). La banda supo destacar con una presentación contundente, asentándose quizá como los principales referentes (y más prolíferos) del manso indie actual.

Los Espíritus, por su parte, optaron por una puesta despojada de visuales. Jugando de locales en la Paternal, su blues psicodélico de ritmos latinoamericanos logró conquistar de entrada a una audiencia, que no dudó en saltar de lleno al trance propuesto. Cada tanto se armaba una suerte de murga y el meneo multitudinario era incontenible. Sus letras de fuerte crítica social y alienación de la vida diaria fueron aulladas como penas por Prietto y Moraes (cantantes del conjunto). ‘La rueda que mueve al mundo’ fue la canción seleccionada para cerrar su presentación, gestando un pogo desmedido que giró en sintonía con la lírica.

Por último, pero no por eso menos importante, llegó Sara Hebe & Ramiro Jota. Su ritmo tribal, guerrero y feminista supo retener a una enorme multitud de fieles que se quedaron a perrear con su cumbia rapera hasta el final. Sara bailó recorriendo el escenario de un lado a otro, arengando al público con sus su rima social. El climax de su presentación se alcanzó con ‘Asado de Fa’.

Llamó la atención la fuerte presencia de contenido social que se expresaba en las letras de la gran mayoría de los conjuntos participantes. A su vez, los rasgueos funk, cada uno con la impronta particular de cada género/estilo, que se repitieron en cada banda.

Es inevitable sentirse invadido por una inconmensurable alegría al ver cómo proyectos tan jóvenes tienen un lugar humano tan grande donde poder desarrollarse y como existe una enorme cantidad de gente dispuesta a bancarlos a pesar de las adversidades. Solo resta agradecer todos los que se acercaron a ver nuevas propuestas y consumen medios independientes: a todos ustedes, gracias por permitir que haya gente haciendo lo que ama desde otro lado.

 
 

Texto por Facundo Macera


MIRÁ EL ALBUM COMPLETO POR FLOR BERDI