STONE TEMPLE PILOTS EN EL TEATRO ÓPERA: LOS SISTEMAS QUE FALLAN

Foto por Victor Guagnini.

Foto por Victor Guagnini.

La calle Corrientes se llenó de remeras negras y espíritu noventero para el show de Stone Temple Pilots y Bush la pasada tarde noche del martes 19 de febrero. Mientras algunas latas de cerveza vacías adornaban las veredas de la mítica avenida porteña, muchos ingresaban al Teatro Ópera Orbis con la esperanza de que el cambio de recinto —originalmente el show iba a realizarse en el Microestadio Malvinas Argentinas— no fuera un factor de decepción en el show que estaba a punto de gestarse.

El conjunto británico recorrió sus veintiséis años de historia haciendo uso de un encantamiento performático para conquistar a la audiencia

Adelantándose diez minutos al horario establecido, Bush pisó las tablas del escenario ante un aplauso conjunto del público. Desde un primer momento, la actitud de Gavin Rossdale y compañía fue lo suficientemente apabullante como para que los presentes ignoraran el hecho de que el sonido de la banda estaba dejando bastante que desear. Con una distorsión que devoraba totalmente la voz del frontman —no solo mientras cantaba, sino también en los momentos que intentaba decir algo en un modesto español—, el conjunto británico recorrió sus veintiséis años de historia haciendo uso de un encantamiento performático para conquistar a la audiencia.

Sea tirándose contra el amplificador durante el final de ‘Everything Zen’ o subiéndose a la platea para cantar entre un público que lo seguía con la mirada y el vano intento de tocarlo durante ‘Little Things’, Gavin Rossdale demostró que ante la adversidad solo te queda la iniciativa de dar un buen espectáculo. Cuando la gente comenzó a corear: “Olé olé olé olé, Bush, Bush”, quedó explicitado que la misión del grupo se cumplió y los desperfectos habían quedado perdonados.

De regreso en el escenario, Gavin tomó una bandera argentina con el logo de la banda y la colgó en el pie de su micrófono. Aún quedaba el golpe de gracia para cerrar su espectáculo: el clásico de The Beatles ‘Come Together’ y el mayor hit de la banda londinense, ‘Glycerine’, fueron más que suficientes para dejar a un público satisfecho. Así, Bush dio por cerrada su segunda visita al país demostrando que el arte no es una cuestión de perfección sino de sobreponerse ante cualquier adversidad.

Pasadas las diez de la noche, Stone Temple Pilots salió a enfrentar a un público listo para continuar con una velada repleta de riffs noventeros. ‘Wicked Garden’, ‘Crackerman’ y ‘Vasoline’ fueron los primeros arrebatos de potencia que la banda americana utilizó para golpear a una audiencia expectante. “¡Apaguen las luces!”, gritó alguien desde la platea, haciendo referencia a la ausencia de oscuridad en el recinto, la cual provocó una falta de clima a la hora de la salida del conjunto. Por suerte, este error duró poco tiempo y, una vez sumergidos en la oscuridad, todo el mundo puso su atención en el cuarteto norteamericano.

Lamentablemente, a la hora de recorrer adorados clásicos como ‘Silvergun Superman’ y ‘Big Bang Baby’, el bajo de Robert De Leo experimentó fallas técnicas que obligaron al conjunto a cortar ambas canciones por la mitad. Una vez solucionados los imprevistos, la banda finalizó ambos temas para el goce de un público que se notaba impaciente frente a la incomodidad de los músicos, que se vieron bastante descolocados ante estos problemas.

Antes de la presencia de ‘Big Empty’, el clásico cántico contra el presidente Mauricio Macri comenzó a ser evocado por una mitad del público, mientras la otra parecía querer combatir esta declaración política con un: “¡Vamos los Pilots la puta que lo parió!”. Quizás esta vez el coro no se quedó en una cuestión anecdótica de presencia obligada por el contexto, sino que fue una queja ante la imposibilidad de poder ver a esta banda en un recinto como el Malvinas Argentinaspor la baja venta de entradas.

‘Meadow’ y ‘Roll Me under’ fueron los únicos temas del más reciente disco de la banda que aparecieron en el setlist. Jeff Gutt —nuevo cantante de la banda luego del fallecimiento de Scott Weiland y Chester Bennington— aprovechó este úlitmo para bajar unos momentos a cantar entre el público.

Llegando el final, la tríada de ‘Dead & Bloated’, ‘Trippin’ On A Hole In A Paper Heart’ y ‘Sex Type Thing’ fue el condimento perfecto para cerrar la noche. Ante una audiencia que parecía desear que todos los asientos del Teatro Ópera Orbis no existieran para poder pogear en paz, Jeff Gutt exclamó: “Volveremos muy pronto”, sembrando la esperanza de que, quizás, la próxima vez nuestro país se encuentre en una mejor situación económica para poder disfrutar de esta banda como se lo merece.

Fotos por Victor Guagnini.