ROSALÍA: LOS LÍMITES DE LA CULTURA

Rosalía Vila Tobella nació en Barcelona en el año 1993. Durante toda su vida participó en espacios culturales diversos como el Festival Internacional de Cine de Panamá y el Festival Grec de Barcelona. La catalana dio el salto a la fama el año pasado con su segundo LP, El Mal Querer. El éxito de este disco le ha garantizado su presencia en festivales de todo el mundo, colaboraciones con artistas del calibre de J Balvin y un lugar asegurado en la próxima película de Pedro Almodóvar.

Sin embargo, hay gente que pareciera no estar contenta con la desmedida consagración de la cantante. ¿A qué se debe esto?

 Rosalia poses for a portrait backstage at the 19th annual Latin Grammy Awards at the MGM Garden Arena on November 15, 2018 in Las Vegas, NV.

Rosalía ha sido criticada en numerosas ocasiones por miembros de la comunidad gitana porque la consideran una apropiadora cultural. La fusión que hace del género con la música urbana y su origen catalán ha llevado a muchos a etiquetar su arte como una «osadía», y argumentan que la cantante toma los elementos característicos de su cultura para fines comerciales sin tener que convivir con la opresión y perseguimientos que ellos sufren desde hace medio siglo.

El problema de la apropiación cultural es algo serio: a lo largo de la historia muchas comunidades han denunciado que la sociedad hegemónica occidental secuestra símbolos propios de sus culturas. Es la invisibilización de estas etnias y grupos oprimidos —camuflada tras la utilización de sus costumbres, vestimentas y comidas— lo que ha disparado la problemática y el debate: ¿por qué la parte más privilegiada de la población acepta costumbres robadas a grupos que rechaza sistemáticamente?

El caso de Rosalía recuerda al de Nathy Peluso, quien a pesar de ser nacida en Argentina vivió en España más de la mitad de su vida y ahora crea su imagen alrededor de símbolos característicos de Centroamérica —región que, como sabemos, ha sido explotada y saqueada hasta el cansancio por la hegemonía española en la época colonial—. En la estética que la catalana construyó para El Mal Querer priman mayoritariamente los elementos de la cultura urbana del hip hop, siendo el flamenco un ingrediente más en la fusión sonora que la artista conjura.

Pero la problemática recae no solo en una cuestión musical sino simbólica: la escenografía inspirada en los sectores industriales, el conjunto deportivo como vestimenta, el toreo y el predominio de la cultura tunning están arquetípicamente relacionados con los gitanos del sur de España. A pesar de esto, muchos han argumentado a favor de la artista que estos símbolos también son comunes en la comunidad Baix Llobregat del sur de Cataluña, la cual está emparentada genealógicamente con Andalucía.

Si bien su primer trabajo de larga duración, Los Ángeles (2015), conserva un estilo mucho más cercano al flamenco tradicional, la cantante nunca se ha referido a sí misma como una referente cultural del género ni se ha llamado gitana. Lo que sí es cierto es que el debate no se ha instaurado solo por el cantar aflamencado de Rosalía, sino por su origen privilegiado y por cómo explota este privilegio para visibilizar la cultura flamenca de un modo que sus propios integrantes nunca podrían.

El tomar prestados sonidos provenientes de otros lugares e historias es algo casi inherente al arte musical.

También es cierto que todo esto no es un plan maquiavélico orquestado por la catalana para secuestrar costumbres características de un grupo oprimido: el tomar prestados sonidos provenientes de otros lugares e historias es algo casi inherente al arte musical, y jamás nadie se molestó porque un sueco cante tango, o un japonés disfrute de la salsa. Sí vale la pena pensar en por qué la industria musical pareciera alentar a la hegemonía a ocupar el lugar que a otra gente se le negó durante años.

Sin dudas, el éxito de Rosalía no solo le ha traído alegría ella y a todo aquel que disfrute de su arte. También ha instaurado un debate que vale la pena tener y que aparentemente se está trasladando a círculos más cotidianos. A partir de ahora solo queda replantearse y pensar: ¿se puede construir una identidad artística a partir de una ficcionalización que explote los privilegios que uno posee? ¿Cómo reconocer cuando una comunidad está siendo relegada a ser la sombra de una persona que tuvo la azarosa fortuna de nacer con condiciones más favorables para el éxito? Este tipo de preguntas nos ayudarán a determinar cuales son los límites de la cultura.

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Rosalía se estará presentando el 29 de Marzo en el Dia 1 del Lollapalooza Argentina. Cliqueando acá podés adquirir tus entradas.