INTERPOL EN EL LOLLAPALOOZA: UN VIAJE A LO MÁS PROFUNDO DEL ALMA

Durante esta sexta edición del Lollapalooza se pudo disfrutar de una variedad formidable de artistas, pero Interpol, grupo liderado por Paul Banks, destacó entre todos estos conjuntos por ofrecer algo distinto a lo que se vio durante las tres jornadas del festival en el resto de los escenarios.

Esta banda neoyorkina no posee la glamourosidad pop que tuvieron The 1975 o Troye Sivan, tampoco es un zarpazo de adrenalina rockera como los que propusieron Foals y Greta Van Fleet, y claramente su estética no puede compararse a la intensidad juvenil que presentaron astros del hip hop como Post Malone y Kendrick Lamar: en cambio, Interpol propone un viaje introspectivo a lo más íntimo del ser.

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La sensibilidad y oscuridad tan típicas del post punk (género que esta agrupación tomó como base para iniciar su carrera a finales de los ‘90), adornadas con un sutil velo de solemnidad, son los elementos con los que Banks y compañía ponen en marcha su alquimia espiritual, donde todo el mundo entrega sus emociones más puras para que sean transformadas en un concierto memorable.

Con un setlist donde recorrieron casi todos sus discos (no hubo ninguna canción de su obra homónima del 2010), y aprovechando la oportunidad para presentar su trabajo más reciente, Marauder (2018), el grupo realizó un viaje retrospectivo a través del nuevo milenio usando su música como hilo conductor: ¿quién sería incapaz de sentir algo de nostalgia por la década pasada frente a temas como ‘Rest My Chemistry’ y ‘Evil’? ¿Y cómo esperar que, ante la confirmación de que estos músicos siguen ostentando unas férreas habilidades compositivas, ‘All The Rage Back Home’ y ‘The Rover’ no nos dibujen una sonrisa en el rostro?

Finalizado el show, los presentes abandonaron no solo la zona del Main Stage 1, sino también el trance emocional en el cual los atrapó este conjunto. Volver a la realidad que existía por fuera de esa presentación fue chocante: en primer lugar, por la cantidad de fanáticos de twenty øne piløts que, apurados y ansiosos, corrían hacia la valla del escenario sin dejar circular a quienes querían abandonar ese sector; en segundo lugar, por la incertidumbre de no saber cuándo Paul Banks y su quinteto regresarían a nuestras tierras para que, de la mano de su música, volvamos a experimentar ese viaje a lo más profundo del alma.