ÉL MATÓ A UN POLICÍA MOTORIZADO: BAJO LA NOCHE ETERNA

 
DSC_0281.jpg
 

Luego de emprender un extenso trayecto que no cesó simplemente en el hecho de transitar el territorio nacional, sino que los movilizó por diferentes partes del mundo alcanzando horizontes cada vez más lejanos con su música, el pasado 6 de abril la banda liderada por Santiago Barrionuevo, más conocido como Chango o Santiago Motorizado (bajo y voz), regresó a su ciudad natal para desatar el apocalipsis en uno de los shows más épicos y conmemorativos de su trayectoria. El encuentro tuvo lugar en el Microestadio del Club Atenas, ubicado sobre la avenida 13 de La Plata.

Pocas veces una banda platense logró convocar a un público tan profuso: un indicio de aquello reside en la venta de entradas online para este recital, que agotó el campo general y las plateas. Así mismo, la situación previa al ingreso que aconteció sobre las calles que cercaban al Club denotó un sinfín de personas que, alrededor de las 19:00 horas, comenzaron a aglomerarse frente al vallado. Algunas —quizás las más osadas— con la intención de ingresar rápidamente para situarse próximos al escenario. Otras —algo más organizadas pero impacientes— formando fila para comprar y retirar entradas en la boletería.

Una vez adentro, el panorama resultó ser desconcertante: había gente por todos lados. Paradójicamente, el campo resultó ser el sector más calmo, ya que quienes lo ocupaban permanecían sentados, mientras que en ambas plateas la concurrencia se movía permanentemente para hallar los sectores que ofrecían las mejores perspectivas.

De acuerdo con lo anunciado por la banda a través de sus redes sociales, la presentación del show había sido programada para las 21:00 horas. Por esta razón, la aparición sobre el escenario que tuvieron algunos integrantes del cuerpo técnico de la banda desató la euforia  de una multitud anhelante que comenzó a soltar sus primeros cánticos y aplausos, poniendo de pie a todo el microestadio.

Sin embargo, el clima se tornó expectante ante el pasar del tiempo que parecía rebobinarse. Como en toda situación de espera, los asistentes se empezaron a poner irritables cuando, pasadas las 9:30 horas, Él Mató continuaba sin salir a escena. En un clima de fervor e impaciencia, justo cuando la tormenta estuvo a punto de alcanzar su tempestad, las luces de Atenas se apagaron por completo y una nube espesa de humo cubrió el escenario.

Ante la ovación del público, una voz áspera y grave respondió con un cálido saludo de bienvenida: era la inconfundible voz del Chango que miraba sonriendo mientras se colgaba el bajo que traía de estreno, un Fender Precision que reemplazó por su característico JazzBass.

Junto a él, y bajo los destellos de un sutil juego de sombras producido por luces rojas y azules, apareció el resto de la banda conformada por Guillermo Ruiz Díaz (baterista), Agustín Spasoff (tecladista), Manuel Sánchez Viamonte (guitarrista) y Gustavo Monsalvo (guitarrista).

Éste último, también conocido como El Niño Elefante, marcó con su guitarra los primeros tres compases que le dieron inicio a ´Magnetismo´, una de las clásicas canciones de Él Mató, que funcionó como un himno al cual la concurrencia se sumó, entonando los primeros versos junto a Santiago.

Acto seguido, con la llegada de ´La Noche Eterna´, rápidamente se desató el incendio ante un estribillo pertinente que enajenó a cada uno de los presentes: “Dame algo esta noche, esta noche es especial, tan brillante como el oro en la oscuridad”.

El setlist atravesó toda la discografía, haciendo hincapié en sus últimos dos trabajos de estudio: La Dinastía Scorpio (2012) y La Síntesis O´Konor (2017). Cabe destacar que éste último disco fue el de mayor incidencia durante el recital, ya que no solo es el nombre bajo el cual se publicitó la presentación, sino que a partir de él se abrieron los caminos a la búsqueda de una nueva identidad sonora que jamás perdió la esencia de la banda y que se logró percibir en cada uno de los temas tocados.

Así fue que sonaron canciones como ‘Mundo Extraño’, ‘El Fuego Que Hemos Construido’, y ‘Chica De Oro’, en donde las originarias influencias del krautrock alemán se aunaron con el punk rock, así como también con el noise rock y el pop, elevando aquel mood nostálgico que presenta una cuota de esperanza y felicidad a través de la sonoridad y sus letras. Tal es así que, ante la escucha, es posible apreciar semejanzas sonoras con bandas como Pixes, Weezer, o los Ramones.

En los shows de Él Mató, la gente queda magnetizada por una postura sin solemnidades propias de una estética muy original. La banda sube al escenario tal y como son. No les interesa el glamour o el encanto. La cuestión es más compleja y no tan superficial. Lo más poderoso de esta banda son sus canciones, y son ellas las que generan cierta empatía con la banda y despiertan algo que es puro, sincero y muy poderoso. Por esta razón, desde los primeros temas hasta los últimos, los aplausos fueron con los brazos en alto y con un merecido reconocimiento.

Finalmente, luego de un pequeño intervalo, una seguidilla de hits comenzó a encaminar el fin: ´Más o Menos Bien´, ´Mi Próximo Movimiento´ y ´Prenderte Fuego´, fueron los elegidos para darle un cierre a esta reconfortante y demoledora presentación de una de las bandas más incidentes a nivel nacional que otra vez hizo vibrar el Microestadio de Atenas, consagrándose como los nuevos creadores del rocanrol.

Lo sucedido quedará grabado en las retinas de aquél público platense, quienes formaron parte de la noche eterna que los llevó por el camino de la destrucción hacia el ojo de la tormenta.