FN19: UN FESTIVAL BIEN NUESTRO

Después de cuatro ediciones que fueron abriéndose paso entre la patria festivalera con sello propio, el Festival Nuestro apostó por la inclusión. El Kuelgue, Nathy Peluso, Las Pastillas del Abuelo, Juana Molina, Miss Bolivia, Estelares y más artistas de renombre desplegaron una abanico de posibilidades sonoras.

El clima del festival iba a ser cambiante y se podía apreciar con solo mirar al cielo. Una jornada soleada comenzó con Militantes del Clímax sobre el escenario “Afuera”, donde a puro funk pusieron a poguear a toda su crew con la fuerza de vientos potentes y letras con duras cargas sociales. “Gracias por levantarse temprano. Lo tomo como una demostración de cariños”, confesó Benjamín Gutiérrez, su cantante, para luego anunciar que se venía un hit. “Después de 10 años hicimos un video. ‘El orígen del Gen’ se llama”, vaticinó tras lo que sonaron sus primero acordes, para deleite del público.

La combustión de la maleza ya se sentía en el ambiente cuando los Militantes se bajaron del escenario. Detrás de ellos, el sol se resistía al avance de las nubes, mientras otra vez quien narra esta crónica inventaba un mecanismo para evitar las colas para hacerse de un ecovaso y darse una vuelta por el predio que ofrecía, además de atracciones como sesiones de yoga y exposiciones de fotos, el recorrido de los FoodTrucks.

Tras la adecuada hidratación, su noble narrador llegó a tiempo para ver desplegar su arte a Francisca Valenzuela. La chilena subió radiante con tonos dorados y negros, y se comió el escenario cantando, tocando el teclado, arengando al público y bailando con entusiasmo cada canción de su set. Realmente lo dio todo.

El cielo estaba para entonces enrarecido, refugiarse bajo techo no era mala idea, sobre todo porque en el escenario Adentro ya había subido Estelares. El rock dijo presente con una lista de canciones con sabor a hit. La patrulla de rock comandada por el duque Manuel Moretti se plantó sobre el escenario como una cuadrilla de la mafia italoamericana, demostrando porque son los capos de su cuadra. La postal que resume todo: una pareja que presintió la llegada de ‘Un Día Perfecto’ y se fundió en un abrazo emotivo. Seguramente, para ellos ese tema fue el pináculo del festival. Fue hermoso presenciar, también, ese espectáculo.

A partir de ahí, todo se volvió errático: el clima arreciaba fuera, y comenzaron las reprogramaciones. El Chango Spaziuk y Chancha Via Circuito trajeron el sonido de la selva, el canto de las aves y, sin que nos diéramos cuenta, nos pusieron a bailar un vals en un festival de la modernidad. Cosa de genios.

De pronto, comenzó a correr rumor de que Juana Molina ya llevaba varios minutos sobre el escenario. El cronograma estaba desfasado para entonces, y así fue que varios de los concurrentes corrieron para comprobar con tristeza que todo era verdad, aunque se llevaron el consuelo de presenciar una versión caótica de ‘Un Día’. La banda está en su mejor momento y con su polirritmia pone a bailar a cuanto ser vivo se ponga delante de su escenario.

El plato fuerte de la noche fueron los abanderados del festival: Las Pastillas del Abuelo. La banda liderada por Piti Fernández reunió sus tropas barriales, quienes se desgarraron las gargantas y agitaron sus banderas en un show que promedió las dos horas y donde hubo tiempo para todos los clásicos que ya forman parte del imaginario colectivo de sus seguidores.

Entrábamos en la recta final, y afuera la garúa le daba un tono épico a la velada.  “¿Están preparados para gozar?”, soltó la gran promesa de la noche con voz amenazante antes de apabullar a todos con una increíble performance. Nathy Killa nos bañó de soul, R&B y hip hop de una manera épica. Su rapeo fragmentado, casi jamaiquino, hacía juego con las visuales doradas y su celestial vestido blanco. ‘Manteca Caliente’, ‘Estoy Triste’, ‘Sandía’, una versión a fuego de ‘Bang Bang (My Baby Shot Me Down)’ y ‘Nathy Killa’ fueron algunas de las canciones que más se corearon desde el público.

Quiero formar parte de toda lucha, de todo amor y de toda consciencia que haya presente en este país”: se la escuchó emocionada, antes de regalarnos una de sus últimas canciones.

Para el cierre de la jornada, la lluvia se imponía y también lo hacía la cumbia de Miss Bolivia, quién como ya es habitual arengaba a sus seguidores con proclamas feministas. Hizo un llamamiento a bancar las próximas jornadas parlamentarias sobre la Ley de Aborto, así como también desde sus letras más combativas como la de ‘Paren de Matarnos’.

Por último, el deleite, la fiesta interminable de El Kuelgue. Julián Kartún se vistió de estrella pop y comandó esa nave que con candombe, murga, cumbia, reggae y toda su artillería rítmica condecoró esta quinta edición de un festival que apostó por trasgerdirse y resignificarse. Porque además de la esencia rioplatense a la que habían acostumbrado a su público, ahora decidieron experimentar y arriesgar con caras nuevas. Así se convirtieron en un festival renovado que amplía su repertorio para que convivan todos los sonidos “nuestros”.  

Fotos por Daniel Ghio / Crónica por Nicolás Bonzo